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Arma letal cartel

Necesito tanto hacer esta película que estaría dispuesto a apuñalar a mi madre por la espalda para conseguirlo.

Joel Silver

Con el fuerte respaldo a su carrera que fue ‘Los Goonies‘ (‘The Goonies’, 1985) las posibilidades que se abrían ante Richard Donner eran tantas que el director pasó un año sin saber muy bien qué hacer, y a su discreta boda con Lauren Shuler siguieron varios movimientos que, o bien no terminaron de cuajar, o bien se detuvieron demasiado tiempo en el proceso de desarrollo y terminaron por dejar de interesar al cineasta.

Entre los primeros, una comedia romántica llamada ‘Shanghai tango’ que habrían protagonizado Debra Winger y Mel Gibson y que se quedó en agua de borrajas ante la imposibilidad de Donner de atraer la atención de un estudio; la posible compra de los derechos de ‘Max’s bar‘ (‘Inside moves’, 1980) para intentar un relanzamiento que hiciera justicia a su querido filme o la tentadora oferta de la Warner de retomar el mando sobre Superman tras el fracaso crítico que fue la tercera entrega.

En el segundo grupo se enmarca fundamentalmente ‘Jóvenes ocultos‘ (‘The lost boys’, Joel Schumacher, 1987), una cinta que Donner vendió a la Warner como un cruce entre ‘La profecía‘ (‘The omen’, 1976) y ‘Los Goonies’ y que los ejecutivos del estudio aprobaron casi de inmediato. El proyecto, que entroncaba con las sensibilidades del realizador y volvía a darle la oportunidad de dirigir a adolescentes, se detuvo en sucesivas reescrituras del guión, y el cineasta perdió el interés —algo que le pasaría muchos años después con ‘Timeline‘ (id, 2003)— dejándolo en última instancia en manos de Schumacher por recomendación de su mujer, que ya había trabajado con el director en ‘St.Elmo, punto de encuentro‘ (‘St. Elmo’s fire’, 1985).

“Voy a hacer una de estas”

Arma letal 1

Sentado en la sala de proyección que había montado en el garaje de su casa y con un gran vaso de vino en la mano, Richard Donner se disponía a ver una copia de ‘Rambo: acorralado-parte II‘ (‘Rambo: first blood part II’, George Pan Cosmatos, 1985). Fue terminar de ver la cinta, llamar a su asistente y asegurarle que su siguiente proyecto sería un filme de acción del estilo de lo que acababa de visionar. Tras tamaña decisión, Donner no tardaría mucho en encontrar un guión que, en palabras de su asistente “era la antítesis de lo que yo pensaba que era Richard Donner”.

Escrito por Shane Black con tan sólo 22 años, el guión de ‘Arma letal‘ (‘Lethal weapon’, 1987) había llegado a Donner de las manos de Mark Canton, presidente de producción de la Warner, pero el cineasta se había mostrado inicialmente reacio a las grandes posibilidades que ofrecía el libreto por la presencia de Joel Silver, un productor sobre el que se decía que era una presencia bastante hostil durante los rodajes. Pero Canton insistió, asegurándole a Donner que si no quería que Silver formara parte del equipo de producción no habría problema y se le dejaría fuera.

Tras mostrarle el guión a su esposa, que también quedó fascinada por lo escrito por Black, Donner se puso en contacto con Canton diciéndole que estaba ansioso por poder dirigir ‘Arma letal’ pero que iba a tener que tomarle la palabra en quitar a Silver de en medio. Canton volvió a responder que no había problemas, pero varias llamadas de amigos de Donner que conocían a Silver —una figura que había emergido en 1985 con ‘Commando‘ (id, Mark L.Lester) y que estaba dispuesto hacer lo que fuera por establecerse como el nombre más importante de Hollywood en el género de acción y aventuras— terminaron por hacer cambiar de opinión a un director que, aprendida la lección de palos similares en el pasado, dejó muy bien atadas las responsabilidades que serían puestas en manos del polémico productor.

Un cambio radical

Arma letal 2

En su paso por la televisión, Donner había dirigido géneros que iban de la fantasía al horror pasando por el drama, la comedia o el western. Pero hasta el momento en que el guión de ‘Arma letal’ cayó en sus manos, ninguna historia de acción había conseguido interesarle lo suficiente como para embarcarse en ella. Lo que no podía imaginarse el cineasta es que, para bien o para mal, la decisión de rodar el libreto de Black aseguraría que su carrera se vería desde entonces íntimamente ligada al género.

(De aquí en adelante, spoilers) Trabajando codo con codo con el guionista para reducir algunos de los aspectos más gráficos de la cinta en cuanto a violencia se refiere —la escena de la tortura de Riggs era inicialmente mucho más explícita—, Donner quiso traspasar el estilo visual de ‘El ansia‘ (‘The hunger’, Tony Scott, 1983) a una cinta que pretendía caracterizar con un estilo naturalista que huyera conscientemente de la sobreiluminación que sí tenían otros filmes del género, contando para ello con la colaboración del director de fotografía de aquella, Stephen Goldblatt.

Arma letal 3

Y si importante era el aspecto visual del filme, y la fuerte personalidad musical que Michael Kamen y Eric Clapton terminarían imprimiendo en él, aún más vital era la elección de los dos actores que interpretarían a Martin Rigss y Roger Murtaugh, una pareja de policías unidos a la fuerza para investigar un caso de tráfico de estupefacientes en Los Ángeles cuyas personalidades no podrían ser más opuestas: el primero es un psicótico depresivo con tendencia a la violencia desmesurada y apuntes suicidas, el segundo es un tranquilo hombre de familia “demasiado viejo para la mierda” que el trabajo policial suele comportar.

Demostrando un ojo clínico, Donner fue el que insistió en que Mel Gibson fuera el responsable de hacer creíble a Riggs, una labor que el actor australiano bordaría hasta límites asombrosos, pasando de la completa psicosis a la más absoluta normalidad de un plano a otro sin que el espectador pudiera apreciar la interpretación como exagerada o carente de veracidad. Sería Marion Dougherty, la directora de casting, quién propondría a Danny Glover para el papel de Murtaugh, una propuesta que fue inicialmente recibida por Donner con una sonora exclamación —“¡pero si el personaje no es negro!“— pero que como he podido comprobar una y otra vez en los incontables visionados que desde 1987 le he hecho a la cinta es, probablemente, la mejor decisión que pudo tomar el cineasta.

Humanizando la acción

Arma letal 4

Si hay algo que funciona en ‘Arma letal’ tanto o más que las espectaculares secuencias de acción que Donner filmó en diferentes localizaciones de Los Ángeles —y de las que hablaremos a continuación— eso es la brillante química que se crea de forma instantánea en el momento en el que Riggs y Murtaugh se ven las caras en la comisaria de policía. Animados a improvisar en todo momento de mano del cineasta, las opuestas personalidades de los actores y los héroes a los que interpretan consiguen arrancar la sonrisa continuada en el espectador gracias, como no, a la agilidad de los diálogos escritos por Black y las constantes guerras verbales a las que somete a sus personajes.

Pero ‘Arma letal’ no sólo ofrece risas y acción, ya que uno de los mejores momentos de todo el metraje es de una carga dramática espectacular. Puesta en funcionamiento por obra y gracia de la asombrosa interpretación de Mel Gibson —al que le costó encontrar el momento adecuado en el que rodarla— la escena del intento de suicidio es una secuencia escalofriante en la que el actor improvisó metiéndose el revólver en la boca y que terminó haciendo llorar a Donner, el operador y su ayudante, los únicos que estaban con el intérprete en el set de la caravana para rodar.

Los brillantes resultados que actor y director conseguirían con dicha escena terminarían extendiéndose tanto al resto del metraje como a una relación que llevaría a cineasta e intérprete a colaborar en cinco películas más, admitiendo Gibson —que estaba de forma perenne en el set fuera requerida su presencia o no— que gran parte de los recursos que como director pondría en práctica años más tarde los había aprendido de manos de Richard Donner, con quien además compartía el enérgico talante que siempre ha caracterizado al director de ‘Los Goonies’.

Arma letal 5

Volviendo a las escenas de acción, la claridad narrativa con la que Donner ha tratado en todas sus producciones el material al que tenía que enfrentarse es la que mejor define lo que podemos ver en pantalla. Con un par de ejemplares set-pieces que, no obstante, quedan lejos de las que orquestará más tarde en las tres secuelas que llegaría a generar el filme, la acción que el director plasma en pantalla es de una fisicidad espeluznante puesta en valor por el soberbio trabajo que tanto Gibson —que ejecutaría muchos de sus stunts— como Glover hacen en este sentido.

Ejemplo máximo de ello es el brutal clímax en el jardín delantero de la casa de los Murtaugh, donde Riggs se enfrenta al Sr.Joshua —interpretado por el siempre inquietante Gary Busey—: rodada durante cuatro noches mientras eran mojados de forma permanente por el hidrante reventado de la acera, los golpes que intercambian ambos personajes son sentidos de forma directa por el espectador, algo que debemos tanto a la cristalina labor de Donner como al espléndido montaje, una vez más, de Stuart Baird.

Contraponiendo a la ejemplar forma de visualizar la acción la humanización del género como factor crucial del éxito del filme, Donner consiguió, contra todo pronóstico, un éxito de taquilla que llevó a la cinta a recaudar 65 millones en Estados Unidos y 120 a nivel mundial. Trayendo a la gran pantalla la fuerza de las relaciones entre los personajes en un relato de acción espectacular, Donner y Black reinventaron muchas de las claves de las buddy movies, creando un modelo que sería copiado hasta la saciedad en tiempos posteriores y que, en mi opinión, sigue siendo capaz de aludir a un amplísimo espectro de público de cualquier edad o género por mucho que hayan transcurrido dos décadas y media desde su estreno.

Richard Donner

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