Richard Donner: 'La fuerza de la ilusión', maridaje imposible

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Desde el momento en que empiezas a rodar una película con el equipo y el reparto, se forma una familia. Esta la llegamos a sentir como una muy armoniosa, y muchas de las buenas vibraciones llegaban de la forma en la que Dick se relacionó con los chicos. Era comprensivo con ellos. Los retaba pero al mismo tiempo era paciente y casi como un padre con ellos. Y ellos lo adoraban.

Lauren Shuler Donner

Antes de comenzar a repasar ‘La fuerza de la ilusión‘ (‘Radio flyer’, 1992) vaya por delante una aclaración: siguiendo el orden cronológico de los especiales que dedicamos a los realizadores, hoy sería el turno de ‘Arma letal 2‘ (‘Lethal weapon 2’, 1989) una cinta de la que ya hablé en su momento dentro del Cine en el salón y cuya entrada podéis encontrar aquí.

147 millones en Estados Unidos, 228 a nivel mundial, y el halago unánime de la crítica habían devuelto a Richard Donner al lugar al que merecía estar tras el estreno de ‘Arma letal 2’. Si a eso le unimos el que su vida personal pasaba por el mejor momento imaginable gracias a la estabilidad que el cineasta había encontrado junto a Lauren Shuler es normal que Donner se sintiera en la cima del mundo con los noventa a la vuelta de la esquina. Pero al tiempo que encaraba su cuarta década como director, el realizador sentía que algo le faltaba, y no iba a tardar mucho en ponerle remedio.

Transcurrida una década desde que su personal apuesta por el drama hubiera fracasado, las heridas infligidas por la enorme decepción que supuso el que nadie supiera apreciar la inversión emocional que había puesto en ‘Max’s bar‘ (‘Inside moves’, 1980) comenzaban a curarse, y Donner se encontraba predispuesto a volver a rodar una cinta que se alejara del mainstream en el que se enmarcaban sus más recientes proyectos.

Empezando la década con el pie equivocado

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‘Radio flyer’ era un guión muy valorado escrito por David Mickey Evans que narraba la historia de dos hermanos que construyen un artilugio volador a partir de una vagoneta para así poder escapar de los maltratos de su padrastro. Presentado a Donner por el propio escritor antes de ser completado, el cineasta se enamoró perdidamente del libreto, y conforme fue dejándose absorber por el mismo, se hacía cada vez más claro que era el soñado proyecto que llevaba años esperando. En sus palabras:

La primera vez que leí el guión, encontré una historia muy especial. La pude ver a través de los ojos de un niño, desde un punto de vista mucho más cercano al suelo. Me di cuenta de que para los niños el mundo todavía alberga magia, y que si lograba plasmar su mirada en una cinta, podría capturar esa magia y hacerla funcionar. Desde aquél momento supe que tenía que dirigir la película.

Persuadiendo a los ejecutivos de la Warner para que pujaran por la adquisición de los derechos del libreto, la oferta del estudio fue rechazada y una carrera frenética por hacerse con el control sobre el manuscrito se desató entre la Fox, Disney y Columbia. Abanderada esta última por la enérgica presencia de Jon Peters y Peter Guber y con el respaldo que el capital de la Sony suponía —la multinacional nipona acababa de adquirir la major—, serían los 700.000 dólares ofrecidos por la misma los que terminarían por cerrar la belicosa subasta. Pero había algo con lo que Donner no contaba, ya que la Columbia le ofreció al Evans la oportunidad de dirigir su guión por 300.000 dólares más, algo que destrozó las esperanzas del director de ‘Superman‘ (id, 1978).

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Pero el duro revés de ‘Radio flyer’ no fue el único al que tuvo que hacer frente Donner en el arranque de la última década del siglo XX. En lo personal, el director se vió obligado tanto a hacer frente a la desagradable sorpresa que supuso la detención de Corey Feldman por posesión de drogas —Feldman, junto a Cohen, era el que mejores migas había hecho con el realizador durante el rodaje de ‘Los Goonies‘ (‘The Goonies’, 1985)— como a servir de testigo en una disputa legal entre la familia de un especialista de ‘Arma letal’ que fallecía poco antes del estreno del filme y Dino de Laurentiis.

En lo profesional, Dick Donner tendría que afrontar un segundo trance parecido al que acababa de soportar con la pérdida de ‘Radio flyer’ cuando sus intereses cinematográficos encontraron un nuevo e ilusionante proyecto: llevar a la gran pantalla la adaptación de ‘Parque jurásico’ (‘Jurassic park’, Steven Spielberg, 1993), una novela de la que había leído una copia antes de que fuera publicado.

De nuevo el objeto de las atenciones de diferentes estudios, Donner sentía que la historia de dinosaurios resucitados por medio de la ingeniería genética podría ser un reto del mismo calibre que había supuesto ‘Superman’ tres lustros atrás, pero esta vez fue la voluntad expresa de Michael Crichton al enterarse del interés de Spielberg por rodar el filme la que hizo que Donner se encontrara una vez más sin una cinta que dirigir. La suerte, no obstante, no tardaría en ponerse de su parte. O eso parecía.

¿Un golpe de suerte?

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Tras tres semanas de rodaje, Michael Douglas —productor de ‘La fuerza de la ilusión‘— había tomado la decisión de prescindir de David Mickey Evans tras ver los paupérrimos resultados reflejados en los “dailies” y, en una decisión muy lógica, reclamó el regreso de Donner, aunque para el cineasta la decisión de volver no fue fácil, dadas las reservas que albergaba ante la opción de quitarle su “criatura” al autor del guión. Sería tras la llamada del propio Evans cuando Donner quedaría completamente convencido de que su implicación era lo que la cinta necesitaba, dispuesto como estaba a darle la vuelta a lo que el guionista había puesto en pie hasta entonces.

Donner contrató así a un nuevo equipo técnico de confianza —con Stuart Baird, su editor en cinco ocasiones y László Kovács, el fotógrafo de ‘Max’s bar’, al frente—, rehízo todo el reparto del filme e invirtió muchos esfuerzos en lograr un casi imposible equilibrio entre las dos diferentes vertientes que eran exploradas por el guión de Evans, la de fantasía y la de la cruda realidad que suponían los maltratos sufridos por Bobby, el hermano pequeño. Un maridaje harto complicado que, a la postre, terminaría por llevar al fracaso crítico y comercial a la cinta.

Con Lorraine Bracco como la madre de los niños, estos interpretados por unos Elijah Wood y Joseph Mazzello cuya instantánea química fue aprovechada de forma espectacular por Donner, y Adam Baldwin como ese abusivo padrastro al que los pequeños apodan como ‘El Rey’, ‘La fuerza de la ilusión’ es una cinta que cuando funciona, emociona como pocas, pero que acusa no pocos problemas debido a la indefinición de género derivada de su guión; un libreto sobre el que después reflexionaría el realizador afirmando que “alguien debería haberse dado cuenta de la dificultad que entrañaba su traslación a la gran pantalla”.

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(De aquí en adelante, spoilers) Por más que Donner disfrutara como un crío con el rodaje, y eso es algo que se nota en las escenas que muestran las “aventuras” de los dos chavales y en los múltiples guiños hacia la personalidad del realizador diseminados por la cinta —guiños que van desde la fugaz aparición del cartel de ‘X-51‘ (id, 1961) a la inclusión de recuerdos de la infancia del cineasta—, los primeros pases previos demostraron que el tono del filme no era asimilado por el público como se esperaba: el montaje inicial provocaba que muchos padres salieran a media proyección indignados por cómo se trataba un tema tan delicado como los abusos infantiles y aquellos que se quedaban hasta la conclusión no comprendían lo deliberadamente ambiguo del final, que no dejaba claro si Bobby sobrevivía a su esperanzador vuelo.

Remontado y con la inclusión de Tom Hanks como narrador en off y encarnación adulta de Mike, el niño interpretado por Wood, Donner creyó solucionar los problemas de la cinta pero, una vez más, se equivocaba. Si bien el nuevo final es más cerrado y deja claro el destino de Bobby, ‘La fuerza de la ilusión’ no termina de funcionar como la cinta familiar que debería haber sido y quizás, sólo quizás, si Donner hubiera centrado su atención únicamente en la magia infantil en lugar de elegir equilibrarla con la parte más dolorosa del relato es posible que la película hubiera tenido mayor aceptación evitando el fuerte encontronazo con una crítica que vapuleó de forma inmisericorde el filme.

No significa esto que la producción carezca de valores positivos, encontrando éstos en lo entrañable de la interpretación de los niños, el singular optimismo que se desprende de muchas de las escenas protagonizadas por ambos, y la espléndida y juguetona partitura de Hans Zimmer, uno de los mejores trabajos del músico teutón. Desafortunadamente, más allá de ellos, este es uno de esos pocos ejemplos de la filmografía de Donner en los que cuesta alabar su dirección, sometida como está a la misma irregularidad de la que hace gala un título que podría habernos hecho volar pero que sólo lo consigue en momentos muy puntuales.

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