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Max's bar cartel

Empecé a leer y estaba enganchado: se nos presenta a un joven que acto seguido salta por una ventana. A continuación impacta contra un Ford. Después sale del hospital y termina entrando en el bar de Max -dèjá vu. Me di cuenta que era ‘Inside moves’ pero tratado de manera muy diferente. Y no podía dejarlo. Lo terminé y me comprometí con Paramount a que dirigiría la película.

Richard Donner

Tras enlazar dos éxitos del tamaño de ‘La profecía‘ (‘The omen’, 1976) y ‘Superman‘ (id, 1978), y quedar completamente exhausto y desencantado por la dolorosa experiencia que el despido de la segunda entrega de las aventuras del superhombre había supuesto —algo de lo que hablaré largo y tendido mañana— Richard Donner decidió que su siguiente movimiento como director sería un filme pequeño que volviera a ilusionarle como lo había hecho en su momento la adaptación del cómic de DC.

Y dicho proyecto lo encontró en una novela que ya había captado su atención en 1976 pero que había tenido que dejar de lado por aquella providencial llamada que recibió en el inodoro por parte de Alexander Salkind: tras recibir y devorar el guión escrito por el matrimonio formado por Valerie Curtin y Barry Levinson —al que se refiere la cita que abre la presente entrada—, Donner reconoció que tenía delante un material que entroncaba a la perfección con su naturaleza romántica hacia la vida, con cualidades temáticas como la amistad y la tolerancia.

Max's bar 2

Aún más, el personaje de Rory, un suicida que fracasa en su intento de quitarse la vida y, de algún modo, renace a la misma gracias al poder de la amistad, quedaba establecido en el guión como una metáfora de la América post-Vietnam que Donner tanto apreciaba: herido y con la estima por los suelos pero intentando encontrar de nuevo el amor y la esperanza. Si en ‘Rocky‘ (id, John G.Advilsen, 1975) Sylvester Stallone había dado en el clavo al jugar con el deseo del público estadounidense de volver a creer en el sueño americano, ‘Max’s bar‘ (‘Inside moves’, 1980) sería una celebración de la solidaridad humana en términos mucho más generales.

Con tan clara —y en cierto modo ambiciosa— intención en mente, era muy evidente que la fuerza de la historia no sería nada sin un reparto sólido que la respaldara, algo que Donner encontró en su dispar pareja protagonista. Para interpretar a Rory, el suicida, se eligió a John Savage, el actor que se “enfrentó” a Robert de Niro y Christopher Walken en ‘El cazador‘ (‘The deer hunter’, Michael Cimino, 1978), un intérprete muy peculiar que uno de sus compañeros aquí definiría como “un tipo raro”. En oposición a él, Donner contaría con David Morse, un actor excelente que siempre ha sido injustamente relegado a papeles secundarios.

Max's bar 3

La sinergia que se crea entre ambos, apoyada en un reparto espléndido, es subrayada por la correcta labor de Donner tras las cámaras. Una labor que aquí pasa a un segundo plano y que, tras la magnífica secuencia de arranque —que el director temía rodar por su conocido miedo a las escenas de riesgo—, se hace totalmente consciente de la necesidad de dejar a un lado los alardes visuales de sus dos anteriores producciones para que la historia respire y, en última instancia, llegue sin cortapisas al espectador.

El problema es que este voluntario alejamiento deriva en una frialdad no intencionada que hace que resulte harto complicado el sentirse identificado con cualquiera de los personajes, algo vital en una historia de este calibre. Al no provocar la empatía ni con Rory, ni con Jerry, ni con la novia prostituta y drogadicta de éste, o con cualquiera de los parroquianos minusválidos que frecuentan el bar, la universalidad de ‘Max’s bar’ queda congelada al momento histórico en el que se estrenó, y su mensaje de amistad y superación, aunque obvio, se diluye sobremanera.

Con sus virtudes, que al margen de la labor interpretativa incluyen la espléndida fotografía de László Kovács y la melancólica y apropiada partitura de John Barry, ‘Max’s bar’ queda como el testimonio de la voluntad de Donner de apartarse momentáneamente de los blockbusters, algo que el propio Spielberg valoraría al realizador al comentarle que “estaba haciendo lo que yo quería hacer, salir de la producción de dos películas de primera fila y rodar algo pequeño y personal”.

Richard Donner

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