Robert Zemeckis: '¿Quién engañó a Roger Rabbit?, de humanos y dibus

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Con ejemplos tan tempranos como aquél corto animado por el gran Winsor McCay —el creador de ‘Little Nemo‘— en el que su dinosaurio Gertie interactuaba con uno de los actores reales del mismo, y momentos tan recordados como el del ratón Jerry cruzando pasos de baile con Gene Kelly en ‘Levando anclas’ (‘Anchors Awaigh’, George Sidney, 1945), queda muy claro que los cruces entre la animación y la imagen real llevan siendo constante intermitente en el séptimo arte desde que el cine es cine.

Pero quizás más recordados que los dos ejemplos que he citado en el párrafo anterior son las producciones que la Disney puso en pie a lo largo de los treinta años que separan a su alocada ‘Los tres caballeros’ (‘The Three Caballeros’, Norman Ferguson, 1945) de ‘Pedro y el dragón Elliot’ (‘Pete’s Dragon’, Don Chaffey y Don Bluth, 1977), y que incluyen títulos míticos de la compañía como ‘Canción del sur’ (‘Song of the South’, Harve Foster y Wilfred Jackson, 1946), ‘Mary Poppins’ (id, Robert Stevenson, 1964) y, cómo no, la alocada ‘La bruja novata’ (‘Bedknobs and Broomsticks’, Robert Stevenson, 1971).

Un nuevo reto para Disney

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No debería extrañarnos pues que fuera la compañía del ratón Mickey la que, en 1980, se hiciera por 250.000 dólares con los derechos de ‘Who censored Roger Rabbit?’, una novela sobre la que se llegarían a escribir casi una docena diferente de tratamientos pero que, dada la convulsa situación de la compañía en esta década —una situación de la que ya he hablado en múltiples ocasiones—, terminó durmiendo el sueño de los justos mientras esperaba, sin saberlo, al reflote de la productora que Eisner, Katzenberg y Wells llevarían a cabo durante tan “moviditos” diez años.

Teniendo claro que el futuro de la compañía pasaba por potenciar los parques de atracciones y al mismo tiempo volver a dar la relevancia que habían perdido a las producciones para la gran pantalla, Eisner y Katzenberg comenzaron un proceso de rescate de ideas ya desarrolladas que pudieran ponerse en marcha para trasladarlas cuanto antes mejor a celuloide, y una de las que surgió fue, obviamente, ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’ (‘Who Framed Roger Rabbit’, Robert Zemeckis, 1988), una cinta cuya producción —en un movimiento empresarial brillante— ofrecería Eisner a Steven Spielberg, vertiendo el cineasta la responsabilidad de toda la animación en Richard Williams, uno de los animadores independientes más importantes del mundo, y la de dirigir en su amigo Robert Zemeckis. En palabras de éste último:

Lo primero que me gustó de ‘Roger Rabbit’ fue la escena inicial del primer guión. Después de haber leído las cinco primeras páginas —las dos primeras describían la secuencia de dibujos animados—, cuando el personaje de Roger aparece en escena, pensé que era una idea fantástica, porque se creaba un mundo donde se podía mezclar la animación y la acción en directo.

Mickey y Donald se dan la mano con Bugs y Lucas

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Considerando que la cinta iba a intentar llevar hasta sus últimas consecuencias las interacciones entre personajes animados y reales, el peso que recaía sobre Richard Williams era, no obstante, de tan similar calibre al que el animador iba a ser capaz de manejar, que a éste le bastó con tan sólo un pequeño corto de prueba para lograr convencer a Katzenberg, Spielberg y Zemeckis de que era el artista adecuado para las necesidades que iba a demandar la producción.

Diseñando él mismo a los tres protagonistas principales del relato —a saber, Roger, Jessica y Baby Herman— Williams tuvo muy claro cuál era el modelo a seguir para la animación que iba a exigir Zemeckis ya que, como el mismo afirma: “a Bob Zemeckis le gustaban Tex Avery y Bob Clampett. Me dijo que quería tres cosas: la articulación Disney, los personajes de Warner Bros, porque son más excéntricos (…) y el humor de Avery pero no tan brutal”.

Con este esquema en mente, si hay algo que queda claro cuando uno ve ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’ es que el espíritu de Avery se encuentra bien presente a lo largo de todo el metraje, plagado como está éste de las extremas deformaciones y el brutal humor físico al que siempre sometía el artista a sus creaciones, jugando con la máxima de que para un dibujo animado, no hay límites. Como tampoco pareció haberlos para la ingente cantidad de personajes tanto de Warner como de Disney que aparecen juntos por primera vez en este filme, encargándose Spielberg personalmente de negociar los derechos de todos y cada uno de ellos.

Intérpretes de carne y hueso, actores de tinta y acuarela

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Con una producción que arrancaba en 1985 y se prolongaría durante dos años y medio —ahí es nada—, ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’ forma junto a la trilogía de ‘Regreso al futuro’ (‘Back to the Future’, 1985) y ‘Forrest Gump’ (id, 1994)la “terna” de títulos por las que más se reconoce a Robert Zemeckis —aunque personalmente me iría a un cuarteto en el que también estaría ‘Contact’ (id, 1997)—. Y ello es debido a la inmensa cantidad de factores que hacen que esta brillante mezcla entre dos mundos tan opuestos como el de la acción real y la animada siga manteniendo intactos hoy en día todo aquello que nos sorprendió a los espectadores que fuimos a verla al cine por primera vez hace ya veinticinco largos años.

Cambiando la ambientación original de la novela de los años ochenta a finales de la década de los cuarenta, y haciendo que Roger fuera un personaje de dibujos y no el protagonista de una tira cómica, uno de los principales aciertos de la cinta es tanto el certero cásting que se hace de los tres actores de carne y hueso de la misma, como aquellos que ponen su voz para —en la versión original, claro está— dar vida a Roger, Jessica, Herman y a todos los innumerables cameos de personajes de animación que trufan la trama.

Inicialmente pensado para nombres como Harrison Ford o Ed Harris, el hecho de que el personaje de Jack Valiant fuera a parar a alguien tan diferente como Bob Hoskins respondió a las exigencias de la Disney —o más bien habría que decir la Touchstone ya que, tras muchas cavilaciones al respecto, se decidió que fuera la filial adulta de la compañía la que figurara como productora dado el cariz de algunas escenas y personajes— de que Roger fuera el protagonista absoluto del filme, dadas las urgentes necesidades que tenía el estudio de contar con un personaje de peso que poder explotar con la típica mercadotecnia de la que siempre ha hecho gala.

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Así las cosas Hoskins, que había impresionado a Zemeckis con su papel en ‘Mona Lisa’ (id, Neil Jordan, 1986), terminó calzándose como un guante la piel de un detective amargado que odia a los dibujos animados desde que uno de ellos asesino a su hermano tirándole un piano a la cabeza y al que le encargan un caso aparentemente sencillo, demostrar cuál es la relación que mantiene Marvin Acme —exacto, el mismo ACME que fabrica los cohetes y cachivaches que el Coyote utiliza en sus frustrados intentos de cazar al Correcaminos— con la explosiva Jessica Rabbit, una voluptuosa pelirroja modelada a partir de Rita Hayworth que vuelve locos a los hombres y que está casada con un conejo porque “me hace reir”.

Junto a Hoskins, y completando la parte “real” del reparto, una irreconocible Joanna Cassidy espléndida en su papel de Dolores y un Christopher Lloyd que borda al juez Doom, otro personaje antológico completamente opuesto al Doc de ‘Regreso al futuro’ y que permite al actor lucirse con un psicópata con ansias de sangre de dibujo animado que nunca parpadea a cámara y que esconde más de un terrible secreto.

En lo que a las voces respecta, resulta sobresaliente el trabajo que hacen tanto Charles Fleischer poniendo esa nerviosa y tartamudeante voz a Roger, como el ronco y desagradable tono que Lou Hirsch añade a ese adulto fumador y mujeriego con cuerpo de bebé que es Herman. Ahora bien, la que se lleva la palma en este terreno es, sin lugar a dudas, Kathleen Turner cuya sensualísima voz se ajusta como un guante a las sinuosas y espectaculares curvas de Jessica Rabbit —como curiosidad, cabe destacar que Mel Blanc, la eterna voz de Bugs Bunny o el Pato Lucas, volvería aquí a prestar su incomparable labor para los dos personajes de la Warner—.

‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’, el genio de Zemeckis

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Perfecta en su ambientación —atención al magnífico maridaje que hace Alan Silvestri entre las sonoridades del cine negro clásico y el Mickey Mousing— y en el superlativo nivel técnico que se llegó a alcanzar con los mil y un trucajes que permiten crear la ilusión de que son los dibujos animados los que mueven los objetos e interactúan en realidad con los actores de carne y hueso, donde ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’ vuelve a dar la campanada es en la asombrosa dirección de Robert Zemeckis, un cineasta que hasta entonces había dado sobradas muestras de su cristalina narrativa y de su capacidad para imprimir un ritmo endiablado a la acción y que aquí rubrica con autoridad su posición como uno de los cineastas más relevantes paridos por la década de los ochenta.

Sustentando toda la cinta en una suspensión de credulidad asombrosa, que hace que uno nunca llegue a plantearse que lo que está viendo no es real Zemeckis, que fue el encargado de elaborar el complejo storyboard bajo el que se rigió la filmación, no se deja nunca llevar por lo alocado de la trama, logrando imprimirle una coherencia ejemplar —pocas fisuras hay en el transcurso del filme, y menos aún achacables a la dirección— que es la responsable última de provocar la inmediata atracción del espectador por las imágenes que se pasean ante nuestra mirada.

Plagada de incontables guiños hacia el cine de la época dorada de Hollywood —y no sólo el de animación— ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’ es una de esas producciones que, incuestionablemente, gana con los años: no sólo por el hecho de que en esta era digital en la que vivimos siga resultando sorprendente lo que se consiguió hace cinco lustros con los limitados medios informáticos de aquél entonces, sino porque, conforme uno se va haciendo adulto y la revisiona, va encontrando diseminadas en ella las muchas semillas de mala baba y humor cáustico que los guionistas y el realizador lograron introducir aquí y allá, convirtiendo a la cinta en la mejor de su género —¿alguien se acuerda, por ejemplo, de ‘Una rubia entre dos mundos’ (‘Cool World’, 1992) firmada por Bakshi cuatro años después?— y en una pieza clave tanto del séptimo arte como de la evolución del cine de Robert Zemeckis.

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