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Aunque ‘El Justiciero de la Ciudad’ es una película de 1974, fue realmente en los 80 cuando se exprimió hasta decir basta la figura del justiciero de a pie, el hombre normal y corriente cuya vida personal queda marcada por una desgracia perpetrada por tamaños criminales que pronto conocerán el infierno, debido a que el citado pobre ciudadano se convierte de la noche a la mañana en un completo experto en limpiar las calles de escoria humana. A ese tipo de películas contribuyeron gente como Charles Bronson, con la conocida saga, y otros innombrables de apellidos tan dispares como Norris, Seagal o Van Damme.

Ahora, con ‘Sentencia de Muerte’ (por cierto, otra de esas películas que nos llegan tarde) la máxima del cine de acción actual, el más difícil todavía, se convierte aquí en el más bestia todavía. Porque la película dirigida por el inefable James Wan (parece que nunca llegará a igualar su pasable ‘Saw’) repite esquemas del famoso film protagonizado por Bronson, pero caminando por derroteros mucho más salvajes, e incluso maniqueos. Sí, todavía más de lo que ya había en la olvidable película de Michael Winner.

‘Sentencia de Muerte’ (‘Death Sentence’, 2007) narra la odisea de Nick Hume, un ejecutivo con una buena familia y una vida acomodada. Un día, más bien una noche, ve como todo su mundo se viene abajo cuando es terstigo del asesinato de su hijo en una gasolinera a manos de unos desalmados delincuentes, los cuales para acoger a alguien nuevo en su banda, éste deberá asesinar a una víctima escogida al azar. Esto desembocará en una de las espirales de violencia más bestias jamás vistas en una película de estas características. Algo que en manos de Sam Peckinpah, o Don Siegel, hubiera dado para realizar una extraordinaria historia sobre la venganza. Pero no estamos en los 70, ni Wan es ninguno de esos dos directores nombrados (para ello necesitaría volver a nacer cuatro o cinco veces como mínimo).

Wan cae en la vulgaridad más intolerable, al llenar su film de escenas sangrientas que lo único que buscan es golpear emocionalmente al espectador, al que en todo momento se intenta poner de parte del personaje de Kevin Bacon para justificar sus actos. Ya sabemos que la violencia engendra violencia, y aquí nos los subrayan hasta límites insospechados. Y muy probablemente todos sintiéramos ganas de hacer lo mismo que el personaje del film si estuviéramos en su pellejo. Al fin y al cabo, los malvados de la función nos son presentados como seres infectos hasta el infinito, capaces de lo más salvaje sin tener en cuenta absolutamente nada, y además salir impunes de ello. Es precisamente esta pirueta la que hace que ‘Sentencia de Muerte’ parezca un subproducto fílmico apropiado pare mentes enfermas o con el encefalograma plano, movidos por impulsos básicos, exactamente igual que los personajes de esta película. Absolutamente todos. Desde el protagonista, que por mucha buena vida que tenga no tiene dos dedos de frente, pasando por el absurdo villano con cara de mosqueo, hasta llegar a la policía que lleva el caso, y que es literalmente tonta. Una selva, nunca mejor dicho, de seres mononeuronales pueblan un film hecho única y exclusivamente para intentar satisfacer nuestros deseos más primarios.

Kevin Bacon es uno de esos actores que parecen hacer lo que le viene en gana, y sin embargo nunca se le ha reconocido como debiera. Su cara de rasgos afilados le viene a la perfección para dar vida a verdaderos hijos de puta (recuérdese ‘Sleepers’), y cuando está en el lado bueno de la ley, también es capaz de bordarlo (recuérdese ‘Mystic River’). Aquí tenemos una mezcla de ambas cosas; su imagen de padre comprensivo y marido genial se transforma enseguida en una especie de monstruo sin conciencia con un único objetivo: dar su merecido a unos malnacidos a los que sus padres no les dieron unas hostias cuando debían. Bacon aguanta el tipo como es costumbre en él, y los defectos bien visibles de su personaje son cosa de un guión más bien lamentable, obra del novato Ian Jeffres, que toma como base la misma novela que sirvió para ‘El Justiciero de la Ciudad’, por lo que ‘Sentencia de Muerte’ puede ser vista como un remake del citado film. A lado de Bacon, tenemos a una Kelly Preston que simplemente adorna, y a un montón de chavales que se reparten los roles de niño bueno con cara de no haber roto un plato, con un hermano también muy bueno, pero en deportes y de futuros muy prometedores, y macarras cabrones con caras de haber roto vajillas enteras que aprietan el gatillo o clavan el puñal a la mínima de cambio. Por lo que Bacon se encuentra más solo que la una en esta salvajada de película, a no ser por las dos apariciones (y digo dos porque la tercera me parece que es una broma de mal gusto) de John Goodman, con un muy interesante personaje que aporta algo de calidad ante tanto descerebrado.

A Wan se le va la mano, y no logra salvar la papeleta por mucho que se divierta haciendo travellings espectaculares en determinadas secuencias, por ejemplo la del parking. Mención aparte mereces las escenas de acción, la cual brilla realmente por su ausencia. No hay tensión en las mismas, y aunque la parte final del film está llena de ellas, éstas no están realizadas con la debida solvencia ni justifican el trayecto cuyo final se antoja aburrido y casi absurdo. Ver a Bacon con una pinta que recuerda al Travis Bickle de ‘Taxi Driver’ es realmente un desconcierto, pues su particular descenso a los infiernos de la violencia más descarnada no está presentado con la correspondiente progresión, sino a lo bestia, de golpe. Simple y llanamente (otra para ti, Moleskine) no funciona.

‘Sentencia de Muerte’ es una película muy floja
que ni mejora ni empeora el original. Una puesta al día de un film que hizo furor en el momento de su estreno, porque evidentemente eran otros tiempos. En la actualidad casi nadie se fijará en ‘Sentencia de Muerte’ porque no es más que un despropósito con temática de telefilm, disfrazada de película bestia. Si el autor de la novela, Brian Garfield ya condenó la versión del 74, ¿qué pensará de ésta?

En Blogdecine | Kevin Bacon, James Wan

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