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Que vaya por delante que no he jugado ni usa sola vez al Silent Hill. No me gustan los videojuegos, nunca he conseguido encontrar uno que me tenga sentado delante del ordenador más de 10 minutos, me aburren enseguida. Sí es cierto que éste en concreto me lo han recomendado fervientemente, pero me da una pereza… De todos modos yo estoy aquí para hablar de la película, que por lo que pude comprobar ayer en la primera sesión va a convertirse en un éxito taquillero importante. O hay mucho fan del juego, cosa que no sería de extrañar, o hay ganas de disfrutar de una película de terror hecha con buena mano, tal y cómo hacía suponer su trailer. Sin embargo, el film dirigido por Christophe Gans entra de lleno en todo eso grupo de horrendos films basados en un videojuego. No llega a los niveles alcanzados por el inefable Uwe Boll en cada una de sus películas, pero poco le falta.

El innecesariamente confuso argumento de ‘Silent Hill’ embarca a una madre muy preocupada por el sonambulismo de su hija, la cual no hace más que pronunciar las palabras de Silent Hill, un pueblo fantasma donde hace años ocurrió algo horrible. Como el amor de madre es enorme llevará a su hija hasta tal pueblo para ver si la puede ayudar. Una vez allí y como por arte de magia la perderá y dedicará una eternidad, que es lo que dura la película, a buscarla y de paso esclarecer lo que ocurrió en tan siniestro pueblo.

Lo que más llama la atención de la película es su enorme poder visual. Gans logra algunas secuencias que desde luego sobresalen por encima del resto, aunque muchas de ellas son demasiado oscuras. Mira qué bien, así no se notan las deficiencias de los efectos visuales, aunque lo que más destaca al respecto es la dirección artística y algunas de las diabólicas criaturas, por llamarlas de algún modo, que se han creado para la ocasión. Personalmente destacaría todas esas imágenes del pueblo fantasma envuelto en niebla y ceniza. Y alguna secuencia “prueba” (que es cuando más se nota que su material original proviene de un videojuego) como una en la que nuestra sufrida protagonista tiene que sortear a unas curiosas y originales enfermeras.

Pero dejando a un lado el estilo visual de Gans y que no siempre consigue mantenerlo a buen nivel, el resto es más bien pobre e incluso raya la ridiculez más absurda. Roger Avary ha creado un guión que por momentos denota una simpleza aplastante y en otros es enormemente confuso (con respecto a las dichosas niñas de poco nos enteramos). Lo que sí me ha parecido gracioso, y ésto es algo realmente curioso ya que se supone que hablamos de un film de terror, es que Avary ha cargado las tintas de una forma totalmente exagerada en su clarísimo ataque a los fanáticos religiosos dejándolos a la altura del betún. No es que esté de acuerdo con su postura o que deje de estarlo (que los que me conoceis ya sabeis lo que pienso), es que esa pirueta de guión, por así llamarla, me parece muy forzada, tanto que es prácticamente increíble, y en vez de impactar produce risa. No quiero desvelar nada, pero al final le da la vuelta a la tortilla POSIBLE SPOILER en cuanto a la visión que tenemos de Dios y el Diablo FINAL POSIBLE SPOILER. De acuerdo, puede ser original, pero está todo tan histriónicamente mostrado que apenas lo tenemos en cuenta.

El guión es estirado sobremanera, y Gans parece sólo preocupado en resultar efectivo visualmente hablando. Lo hubiera conseguido en su totalidad si la película durara pues una media hora menos, porque desde luego hay momentos en los que resulta insufrible, llevando incluso al bostezo. Ya no tiene un buen comienzo, con una situación que no es explicada a parte de suceder rápidamente, en clara contraposición con la excesiva duración de la película. Luego, cuando comienza la fiesta de sangre y sustos varios, los diálogos chirrían mucho. Y es que frases parecidas a “arderás eternamente en el fuego del infierno por tus pecados” las hay a patadas durante toda la proyección, y son recitadas cómo si se tratara de un drama shakesperiano, vamos, que desentonan de lo lindo.

Del trabajo actoral no me voy a quejar porque al fin y al cabo las dos protagonistas principales son dos señoritas que nos alegran la vista durante toda la película. Por un lado Radha Mitchell, a la que considero mucho mejor actriz que lo que este tipo de productos hacen entrever, pero que está empeñada en protagonizarlos. Aquí se pasa todo el rato gritando el nombre de su hija. Parece que sus frases de diálogo se limitan a eso. A su lado Laurie Holden, enfrascada en un traje de policía que le infiere un morbo impresionante, hasta el punto de que no me importaría que me llevara esposado hasta la comisaría más lejana. Ambas dan mucha guerra al personal, aunque sus personajes sean casi inexistentes.

Una película muy floja, que podría haber estado muchísimo mejor. Una oportunidad de oro para colocar en buen lugar las adaptaciones sobre videojuegos, y que ha sido desaprovechada en pos de un impacto visual engañoso. Habrá que esperar a la próxima a ver si lo consiguen, pero lo dudo. Por cierto, la próxima semana se estrena entre nosotros ‘Stay Alive’ que versa sobre un videojuego que va matando a sus participantes… En fín, que el tema aún no se ha terminado.

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