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Sombras tenebrosas

¿Cuántas serán las personas que hayan acudido a ver ‘Sombras tenebrosas’ (‘Dark Shadows’, 2012) porque es una de Burton y que no habrían ido, caso de desconocer a su autor, en vista del cartel? El aspecto no es halagüeño y solo el saber que contaríamos con las rarezas de este director y del equipo, tanto artístico como técnico, que suele acompañarlo, nos servía de garantía para dar el paso. Por mí parte, no niego que fue así. Eso y que en la cartelera pocas veces en mi vida he encontrado tan pocas opciones que me apetezca ver. Quizá un afiche sin fotografías, con los nombres en enormes letras sobre un fondo oscuro, que hiciese honor al título, habría echado menos atrás. Porque, aunque el cartel que se ha distribuido no miente sobre lo que vamos a encontrar, sí da una imagen perjudicial y hace esperar un conjunto menos bueno que el que se ofrece a cambio de la entrada.

A mi entender, nadie que espere ver un Burton en la gran pantalla, podrá sentir decepción con su decimoquinto largometraje, pues en él se encuentran todas y cada una de sus constantes, de sus guiños, de sus caprichos, de sus ambientaciones. Quizá quien espere encontrar un gran film sí sienta desilusión, pero dudo de que haya habido espectadores con esas expectativas si me remito de nuevo a las imágenes promocionales. Existen ocasiones en las que ya no confiamos en un autor como alguien capaz de regalarnos grandes obras en todos sus intentos, sino como un referente en el que rencontrarnos con aquello que ya nos hizo disfrutar antaño. Como tal pervive hoy Tim Burton.

Entretenida historia sin pretensiones

Una de las virtudes más notables del californiano es la consecución de atmósferas siniestras, así como la plasmación del tono fantástico o lúdico con mayor credibilidad que casi ningún otro cineasta. En ocasiones, consciente de estas facultades, se ha conformado con llegar hasta ahí sin añadir contenido. ‘Sombras tenebrosas’, por suerte, no se encuentra entre sus excepciones aburridas y sin esencia más allá de lo etéreo. Si bien lo que cuenta es chorra, resulta entretenido, ya que, al estar basado en una teleserie, no faltan desarrollos argumentales. Tanto es así que hay veces que se deja de lado la subtrama de alguno de los personajes durante muchos minutos porque no hay hueco para retomarla en seguida. La coralidad y el paralelo son herencias televisivas que, lejos de molestarme, me complacen por su capacidad de recabar mi atención con insistencia.

Sombras tenebrosas

Por otra parte, esa falta de profundidad del contenido a la que he aludido es voluntaria o, al menos, conocida por parte de sus autores, ya que ‘Sombras tenebrosas’ no va de importante. Agradezco esta frivolidad tanto como su habilidad para entretenerme. El humor con el que se adereza ni siquiera la convierte en comedia o parodia, sino que rompe una supuesta gravedad y ese es el truco por el que funciona. Como comedia pura, no habría sido lo mismo. Algunos de los golpes cómicos, como el del sintetizador, resultan brillantes no por el chiste en sí, sino por el inesperado lugar en el que se incluyen. Y conseguir eso requiere un gran dominio del tempo y de la puesta en escena.

Efectos, actrices… y actor

En el terreno técnico encontramos un decorado muy de Burton, con una mansión encantada y plagada de trucos que hace las delicias de cualquiera que haya soñado con colarse en los recovecos de las casas de sus mayores. Los efectos especiales son muy sorprendentes, ante todo el del craquelado de la piel de la bruja (Eva Green). Su personaje, movimientos y destrucción me recordó, más que a cualquier otro trabajo de su director, a ‘La muerte os sienta tan bien’, de Robert Zemeckis, a cuyo tema de fondo hacen alusión asimismo las intenciones del personaje de Helena Bonham Carter.

Johnny Depp, convincente como vampiro por el que no han pasado los años, vuelve a encandilar con esa forma de pronunciar, como si saborease las palabras, y con una capacidad de moverse entre el tono romántico-gótico y el humorístico con la que pocos intérpretes cuentan. Gracias a él, su personaje se hace cercano, a pesar de su histrionismo y artificiosidad y eso permite seguir la historia con interés. Las actrices están todas muy burtonianas –si no fuese por Depp, se diría que se está especializando en féminas, más o menos como Almodóvar–: exageradas, afectadas y graciosas, cada una a su manera. Los personajes de todas ellas (Bella Heathcote, Chloë Grace Moretz y las ya citadas) sufren evolución o dan alguna sorpresa, a excepción del de Michelle Pfeiffer, que comienza con fuerza, pero va demostrando que apenas pinta nada en toda la trama.

Sombras tenebrosas

Conclusión

Lo mejor de ‘Sombras tenebrosas’, pido perdón a Danny Elfman, me parece la maravillosa selección musical setentera –aquí toca reseñar la aparición de Alice Cooper, quien no podía faltar en una cinta sobre brujas–. Tim Burton ha hecho lo que le gusta –no en vano, muchos aspectos me recordaban al libro que estoy leyendo y en el que quizá base su próximo film– y se lo ha pasado bien. No creo que espere que sus espectadores hagan otra cosa aparte de pasárselo bien, no le vislumbro otras pretensiones. Es una película simple, normalita, sin ninguna aportación que vaya a quedar grabada en piedra. No obstante, cuenta con buena factura y un gran elenco, que da forma a personajes entrañables. No deja lugar al cansancio e incluye ciertos momentos humorísticos que dan color al visionado, más allá de los trajes, alfombrados y macramés de la época.

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