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Desde que Peter Jackson nos sorprendiese a todos con su extraordinaria adaptación de ‘El Señor de los Anillos’, todos han querido explotar a la gallina de los huevos de oro, y todo libro de fantasía conocido, o cómic, o lo que sea que tenga que ver con historias semejantes a las que Tolkien escribía, están siendo, y serán, adaptados, dado que la mayoría consiguen excelente recaudaciones en taquilla, debido a la demanda del público de este tipo de historias.

‘Stardust’ es una de ellas, y cogiendo como base la historia de Neil Gaiman, el film nos narra las aventuras y desventuras de una estrella caída, a la búsqueda de la cual ha ido el protagonista de nuestra historia para probar el amor que siente por su amada, quien le aceptará en matrimonio si consigue la mencionada estrella. Nuestro héroe, que guarda un secreto importante sobre su procedencia, vivirá un sinfín de aventuras acompañado por la bella estrella.

‘Stardust’ no engaña a nadie, y precisamente por eso, más su falta total de pretensiones, se trata de un producto más que digno, lleno de ritmo y entretenimiento. Podríamos decir que estamos ante un cuento de hadas puro y duro. Tenemos el príncipe, tenemos a la princesa, a los padres, a la bruja, al malvado bonachón, un reino, un trono que ocupar y un maquiavélico plan. La historia es sencilla, sin demasiadas complicaciones y de una claridad absoluta. En la película todos los elementos están servidos con eficacia, esmerándose lo suficiente como para no tratar al espectador como si fuera tonto, y abarcando muy bien al público al que va dirigida la película. Puede ser disfrutada en igual medida tanto por un adulto como por un niño, equilibrio que no consiguen otros films del mismo estilo.

La puesta en escena de su director, Matthew Vaughn, es lo suficientemente espectacular como para resultar llamativa, sin caer en ningún tipo de efectismo visual, aunque por momentos termine siendo algo impersonal. Todo en ella está aprovechado al máximo, desde los excelentes paisajes abiertos, hasta el interior de una posada o de un tenebroso castillo. Evidentemente estamos ante una película llena de efectos especiales, pero éstos no se comen la trama en ningún momento, llegando a estar siempre al servicio de la historia. Una historia bastante bien condensada, aunque tanto el prólogo como el epílogo sean bastante apresurados, y sobre todo en el segundo haya alguna que otra incongruencia.

‘Stardust’ está repleta de actores conocidos a los dos lados del bien y del mal. Los más conocidos, sin duda unos cachondos y entregados Robert De Niro y Michelle Pfeiffer, siendo ésta la verdadera reina de la función, con un personaje encantador que cobra fuerza al ser interpretado por la excelente actriz, que no se corta ni lo más mínimo a hacer lo que sea, ya sea aparecer terriblemente guapa, como horrorosamente fea y decrépita. Espero sinceramente que el nuevo renacer de la Pfeiffer dure mucho tiempo. De Niro se atreve con un personaje si cabe más facilón, el de un pirata con dos caras, y no digo más. Sólo mencionar que dicho personaje parece una respuesta al de Johnny Depp en ya sabéis qué saga, y que incluso se atreve a llegar donde aquél no fue capaz. Puede que a algunos se les caiga la cara de vergüenza con ciertos matices del pirata de De Niro, pero yo me lo pasé en grande. Aún así, dicho personaje daba para mucho más, y al final se tiene la sensación de que ha sido bastante desaprovechado.

Claire Danes y Charlie Cox son la pareja protagonista, y a pesar de que hay cierta química entre ellos, lo cierto es que son los peores del reparto, tal vez porque él, que no sé porqué me recordó durante toda la película a Robert Sean Leonard, sea un poco inexpresivo, y porque ella simplemente porque no suele resultar demasiado creíble en sus papeles, aunque curiosamente en este film la credibilidad es una de sus cualidades. Nada en ella nos resulta fuera de lugar o forzado, nos la tragamos y creemos enterita. Sienna Miller es otro prodigio de inexpresividad, y Peter O´Toole y Rupert Everett salen lo suficientemente poco como para no ser disfrutados. Al respecto de éste último decir que muchas de las intervenciones de los actores son en situaciones cómicas, que tal vez haya demasiadas a lo largo y ancho del film, algunas están bien planteadas, como las de ciertos fantasmas, y otras no lo están tanto e incluso chirrían, como por ejemplo, las que se plantean alrededor de la pareja protagonista.

Lo que sí se disfruta, y sin ningún tipo de prejuicio es toda la película, la cual logra que durante dos horas nos olvidemos del mundo real, y consigue trasladarnos al otro lado del muro, un sitio donde los sueños pueden hacerse realidad, donde puedes hablar con las estrellas o subirte al barco pirata de un ladrón de rayos, y todo ellos aderezado con una excelente banda sonora de Ilan Eshkeri, que llena todo el film, consiguiendo momentos de gran fuerza, de esas bandas sonoras que cuando sales del cine te compras el disco.

Un buena película, en definitiva, y que lamentablemente no ha tenido el éxito que se esperaban sus productores, y por supuesto el que se merecía. Películas como ésta necesitamos que se hagan más. No son la octava maravilla del mundo, pero cumplen perfectamente su cometido con cierta inteligencia, haciéndonoslo pasar bien.

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