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Imagen con el cartel de 'Tengo ganas de ti'

Las secuelas no abundan en el cine español. Seguramente habrá quien me mencione el caso de ‘Torrente, el brazo tonto de la ley’ y sus tres entregas adicionales, pero lo cierto es que hasta grandes oportunidades para ello como ‘Alatriste’ cayeron en saco roto (también es que fue una idea pésima arrejuntar varios libros en una sola película) y los casos de cintas con más entregas, al menos dentro del cine relativamente contemporáneo, casi podrían contarse con los dedos de una mano. Puede que a algunos les parezca una tontería, pero esto es algo esencial si se quiere forjar una industria que pueda subsistir sin tener una dependencia brutal de las subvenciones y, por mucho que haya ciertas iniciativas loables, hace necesaria la existencia de cintas como ‘Tengo ganas de ti’, segunda entrega de la muy exitosa ‘3 metros sobre el cielo’.

No obstante, hay que trazar una línea divisoria vital entre ser necesario (o importante) y que ello equivalga a ser algo indiscutiblemente positivo, ya que, por ejemplo, yo creo que era necesario dejar quebrar los bancos españoles que puede que acaben llevando a la ruina a todo el país, pero soy consciente de que las repercusiones de tomar esa decisión no iban a ser un camino de rosas. Eso es lo que hace que defienda la aparición de una segunda entrega de una película bastante mediocre que no ofrecía nada de interés a la ya muy explotada veta del apasionado romance primerizo entre chico malo y chica buena con un desenlace algo trágico. Sin embargo, fue un gran éxito y contaban con la secuela literaria escrita por el propio Federico Moccia. No hacerla hubiese sido una estupidez, mientas que hacer una buena película era algo secundario y, por desgracia, eso se nota.

Clara Lago y Mario Casas en 'Tengo ganas de ti'

Eso sí, gusten o no este tipo de cintas, es de agradecer que se haya optado por un claro continuismo con respecto a ’3 metros sobre el cielo’, ya que en otros casos se andan con tonterías (como con la lamentable ‘Mortadelo y Filemón: Misión: Salvar la Tierra’) y aquí han preferido mantener tanto a gran parte del reparto como al compositor, al guionista y al director. El problema es que el propio material de partida es peor y eso se traduce en una cinta inferior a su predecesora, aunque los implicados tampoco hacen mucho por evitar que sea algo no mucho mejor que La Saga Crepúsculo (de la que ayer apareció el nuevo tráiler de la última entrega).

He de reconocerle una cosa a Fernando González Molina, y es el hecho de conseguir recrear con cierta pericia las escenas dentro de una discoteca, porque no son pocas las producciones españolas que fracasan estrepitosamente a la hora de recrear ese ambiente erótico-festivo-creador de dolores de cabeza que a mí tan poco me gusta. Por lo demás, un trabajo quizá premeditadamente anodino en el que su mayor signo personal es un molesto uso y abuso de los fundidos a negro como elemento de transición entre una secuencia y otra. Siempre me ha parecido un recurso que bien utilizado (determinadas elipsis) es un acierto total, pero aquí se usa sin control alguno y lo mismo sirve para un roto que para un descosido. Por su parte, el guión de Ramón Salazar no consigue ese aspecto tan esencial en todo producción que es transmitir sensación de naturalidad en una historia que ya sabemos que está pensada al dedillo para conseguir su objetivo, pero quizá sea mejor comentar cómo sus debilidades a través de los personajes de ‘Tengo ganas de ti’.

El factor Mario Casas de ‘Tengo ganas de ti’

Mario Casas es Hache en 'Tengo ganas de ti'

Es bastante obvio que las fans de Mario Casas en España son bastante numerosas, dándose el caso de que es lo más parecido que hay entre nuestros jóvenes actores a alguien con starpower suficiente para garantizar cierto éxito a las películas en las que aparezca, algo a lo que ayuda mucho que aparezca con el pecho al descubierto el mayor tiempo posible (en ‘Tengo ganas de ti’ no se andan con tonterías y lo muestran directamente así en su primera aparición en pantalla). También es cierto que existe un importante sector del público que le tiene una manía descomunal y le considera poco menos que un incapaz. Personalmente, creo que es un actor tolerable siempre y cuando no ejerza como galán de la función.

El problema es que ese es su cometido principal en ‘Tengo ganas de ti’ por mucho que lo quieran disfrazar como un rebelde sin causa (o un chuloputas si lo preferís así) venido a menos que ahora tiene que abordar su nuevo estilo de vida como una oportunidad para cerrar las cicatrices de su pasado. Vamos, sigue siendo un imán para las mujeres pero se busca que sintamos pena por él por lo que sucedió al final de ’3 metros sobre el cielo’, algo en lo que fracasan de forma descarada. Eso sí, Casas se esfuerza por dar cierta entidad a la delicada situación emocional del personaje, pero la película no ayuda nada a ello (las apariciones de cierto personaje buscan añadir más trasfondo dramático a Hache pero que a la hora de la verdad quedan como un pegote fuera de lugar) y todo acaba derivando en el triángulo amoroso de turno que tan efectivo es a la hora de llevar a las fans al cine.

María Valverde vuelve a ser Babi en 'Tengo ganas de ti'

Dicho triángulo sentimental es lo que hace mucho daño a los dos personajes femeninos centrales de ‘Tengo ganas de ti’. Por una parte tenemos a Clara Lago como una especie de versión femenina de Hache, todo un acierto a la hora de querer relacionarlos en el plano amoroso, pero permitidme comentaros abiertamente la pésima forma que tiene la película de presentárnosla: Está haciendo fotos y al ver al protagonista, la cámara nos ofrece varios planos durante esa escena para mostrar que o le conoce o está interesada en él. Hache se va poco después y ella decide seguirlo con su motocicleta. Aquí la cosa ha pasado a la categoría de stalker. Él para en una gasolinera para repostar y ella da accidentalmente a su motocicleta y se dedica a robar la gasolina que él está pagando y al que, definitivamente, no conoce. Una acosadora, una ladrona o ambas cosas. Alguien podrá aducir que es una forma efectiva de llamar la atención del protagonista, pero esa es una consecuencia que al menos yo no concibo.

Luego se intenta endulzar su personaje e incluso hacerla sufrir por el amor de Casas para que sintamos empatía hacia ella, pero el único interés final del personaje es que, al contrario de lo habitual en producciones de este calibre, enseña más de lo esperable de su anatomía. Lago pues hace lo que puede y al menos transmite vitalidad, ya que la que realmente sale malparada de todo esto es María Valverde. Incluso los que no vierais la primera entrega seguro que recordáis algún comentario sobre su historia de amor en ’3 metros sobre el cielo’ y cómo todo indicaba que en la secuela debería retomar su pasión con Hache. Pues bien, Valverde aparece desconectada de la trama principal durante ¾ partes de la función, quedando así sus apariciones limitadas a islotes narrativos en los que hacer dudar al espectador sobre si aún sentirá algo por el protagonista. Obviamente, el reencuentro tendrá lugar y el hijoputismo será la nota dominante. Además, Valverde ofrece un trabajo mustio que dificulta lo más mínimo sentir la más mínima pena hacia ella, consiguiendo que la niñata repelente de la primera entrega hasta resulte simpática en la comparación, y allí rozaba lo odioso, únicamente evitando caer en ello por ser Valverde la encargada de darle cierta relevancia.

El resto del reparto no merece mayor valoración salvo el caso de Marina Salas, la cual sí consigue transmitir con cierta efectividad el dolor que la está atormentando. El resto, entre el relleno necesario para tapar ciertas carencias del guión (la hermana del personaje de María Valverde y el hermano del de Clara Lago), la presencia testimonial (lástima que Diego Martin no salga algo más) o, ya directamente, la molestia para el espectador (el rival de chichinabo que le sale a Hache). Por fortuna, este último caso es el menos abundante.

Mario Casas sufre mucho en la secuela de '3 metros sobre el cielo'

En definitiva, ‘Tengo ganas de ti’ es una inteligente decisión comercial que puede ayudar al cine español a abrir nuevos territorios dentro de la creación de una auténtica industria, aunque también es verdad que su calidad artística es bastante mediocre, con personajes mal dibujados, un guión extremadamente previsible (y con algún apunte absurdo a más no poder) y una visión del romanticismo alejada de cualquier tipo de realismo para caer en el dar de comer a las ansias de las fans durante la mayor parte del metraje. Vamos, una película para fans de la primera entrega y poco más.

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