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‘The Collector’ (id, Marcus Dunstan, 2009) es una película que nos ha llegado con bastante retraso, algo realmente incomprensible cuando se trata de un producto que bien podría haberse estrenado directamente en DVD o Blu-ray. La limitada distribución del mismo no favorecerá el hecho de que se trata de un film totalmente desconocido, y su aspecto de producto perteneciente al torture porn ha hecho que pase de tapadillo por nuestras carteleras. Se trata de la ópera prima de Marcus Dunstan, quien hasta ahora era conocido por haber realizado los guiones de buena parte de la saga ‘Saw’, y de una trilogía también poco conocida en nuestro país, ‘Feast’. Las coincidencias con ambas sagas no son pocas, sobre todo en lo que respecta a crudas imágenes en las que un ser humano es torturado de la forma más retorcida posible.

En algún sitio he leído que ‘The Collector’ es como una especie de ‘Solo en casa’ (‘Home Alone’, Chris Columbus, 1990) a lo bestia y para adultos. Lo cierto es que la comparación tiene su gracia, pues nos hallamos ante un film cuyo argumento recuerda un poco al film protagonizado por Macaulay Culkin. Pero aquí no tenemos niños insoportables ni un secundario de la talla de Joe Pesci para ofrecer la guinda cómica al relato. De hecho en el film de Dunstan no hay el más mínimo espacio para el humor, todo es tensión, litros y litros de hemoglobina y una casa llena de trampas mortales cuya efectividad no deja lugar a dudas. El resultado, sin necesidad de alegrarnos profundamente, es mejor de lo esperado.

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Josh Stewart, encabezando un reparto que bien podría considerarse como lo peor de la función, da vida a un pobre trabajador, Arkin, que desea sacar de un apuro a su ex-mujer, la cual debe una importante cantidad de dinero. Para ello intentará cometer un robo en una casa en la que ha estado trabajando, y en cuya caja fuerte se encuentra la solución a sus problemas. La sorpresa llegará para él y para el espectador cuando en un tranquila noche penetre en la casa y descubra que ésta está llena de trampas mortales y que alguien más está en la casa, alguien que lleva el rostro oculto, que tiene una inquietante respiración y cuyas intenciones es mejor no descubrir. A partir de ahí el robo pasa a un segundo plano y la supervivencia y el salir vivo de la casa serás sus máximas prioridades. Sin lugar a dudas una premisa con cierto atractivo, por cuanto en los primeros 45 minutos no sabemos lo que ocurre, y que desgraciadamente sólo está al servicio de un buen puñado de escenas sangrientas.

‘The Collector’ entra de lleno en ese tipo de films en los que se entra de lleno en uno de los grandes miedos de cualquier persona, el ser atacados en su propio espacio de intimidad, el hogar. La violación de nuestros espacios personales, con nuestro cuerpo como el refugio más íntimo que existe, ha sido el tema de numerosas películas a lo largo y ancho de la historia del cine. Hace poco llegaba a nuestras pantallas la prescindible ‘Bajo amenaza’ (‘Trespass’, Joel Schumacher, 2011), y antes de ella podemos citar films como ‘Secuestrados’ (Miguel Angel Vivas, 2011), ‘Funny Games’ (id, Michale Haneke, 1997) y su inútil remake estadounidense, u ‘Horas desesperadas’ (‘The Desperate Hours’, William Wyler, 1955) y su nada desdeñable remake a cargo de Michael Cimino. ‘The Collector’ es la hermana salvaje de todos ellos, un film sin ninguna concesión, aunque camina por lugares quizá demasiado comunes, cayendo a ratos en la previsibilidad más evidente y lógica.

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No hay duda de que su primera mitad es la más interesante, aquella en la que el espectador está tan desconcertado como el personaje central, un ladrón que pasa a ser víctima de un juego de lo más perverso e intranquilizador. No sólo nos sentimos conmocionados por el hecho de que puedan entrar en nuestra casa tan fácilmente a robar, sino que además podemos ser objeto de las crueldades más viscerales de una mente enferma cuyas motivaciones jamás llegamos a saber. Ese detalle llega a infundir todavía más pánico, el hecho de saber sólo lo justo y necesario sobre el asesino con una muy malsana curiosidad en el ser humano. Una vez descubierto el extraño hobby del asesino, y que evoca en cierto modo otra película del mencionado William Wyler, el film se recrea en exceso en escenas de lo más efectistas y sangrientas. Ganchos que se clavan a la piel, cristales, cuchillos, tripas desparramadas, y un baúl que guarda alguna sorpresa son algunos de los elementos que Dunstan utiliza para alterar nuestros sentidos.

Pero la calidad de ‘The Collector’ no se encuentra en sus sanguinolientas secuencias, una obligación en toda torture porn, sino en el ritmo que Dunstan imprime al relato, logrando también cierta atmósfera, y que por una vez nos ponemos del lado del bueno de la función, esperando, deseando, que logre salir de tan maléfica casa. Por cierto que hay que pasar por alto algún que otro detalle forzado como el de cierto policía que entra en escena en un momento dado, o la cuestión de cómo el asesino ha hecho para llenar toda la casa de trampas sofisticadas en tiempo récord. En cualquier caso Dunstan ha logrado un producto mínimamente entretenido, y tal y como mandan los cánones del género, con un final abierto, y que próximamente tendrá su continuación en ‘The Collection’, ya en fase de post-producción.

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