'The Fall. El sueño de Alexandria', el amor y el cine

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Tarsem Singh, que firma sus películas sin su apellido, nos dejó a todos con la boca abierta con ‘La celda’. Por un lado, aquellos que se rindieron ante el enorme poderío visual del director, y por otro, los que nos quedamos asombrados de la enorme pretenciosidad del producto en cuestión, engullido en su propia factura sin ahondar en la historia o los personajes. Su segundo largometraje ha obtenido el premio a la mejor película en el festival de Sitges en el 2007. Esto es, hace dos ediciones, y ahora nos llega con el consabido retraso al que nos tiene acostumbrados en este país los distribuidores cinematográficos, expresión que en el diccionario habría que incluir como sinónimo de ineptitud e incompetencia.

Con ‘The Fall’, que en nuestro país lleva el absurdo subtítulo, o título secundario, de ‘El sueño de Alexandria’, los que sufrimos con su anterior película, temíamos lo peor. Sin embargo, esta vez, el director de origen indio ha utilizado toda su maquinaria visual, llena de imaginación, para ponerla al servicio de una historia. Una historia con algunas imperfecciones, pero también con momentos muy poderosos y emotivos.

En los años 20, un especialista de escenas de acción en las películas, es ingresado por un accidente que le ha dejado impedido. En realidad, se trataba de un intento de suicidio por haber perdido a su novia, que se ha largado con el actor principal de la película. En el hospital conocerá a una niña pequeña con la que iniciará una curiosa relación. Le contará una historia, basada en su propia experiencia, un cuento que traspasará todas las fronteras, y será una especie de bálsamo para los dos.

‘The Fall. El sueño de Alexandria’ es un canto a varias cosas. Al amor, a la fantasía y al cine. Y las tres son mezcladas en la película muy acertadamente, aunque a veces le cuesta encontrar el equilibrio justo. Del dolor del amor nace la historia que el protagonista cuenta, del amor roto que se convierte en agonía y en deseos de querer dejar este mundo cruel no apto para perdedores. Dicho dolor es un poderoso catalizador para la imaginación, para crear un mundo irreal, en el que las reglas las marca uno mismo (y donde el estado de ánimo es esencial). Paralelamente está el cine, mundo donde son posibles cosas imposibles, y que Tarsem parece despreciar (“no te pierdes nada”, le dice Roy a Alexandria cuando ésta le confiesa no haber visto jamás una película) y amar al mismo tiempo. El director pretende rendir tributo a la mente, más poderosa de lo que cualquier película puede llegar a ser. Al mismo tiempo, rinde un sentido homenaje a todos los especialistas del cine, esos héroes anónimos que hacen creíbles escenas increíbles y que, por motivos lógicos, no protagonizan las verdaderas estrellas, llevándose, eso sí, todos los honores de cara al público (y algo más).

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Tarsem acierta en diferenciar los dos mundos. Primero el real, donde su puesta en escena es sobria y elegante, y luego el onírico, donde vemos la huella reconocible de su estilo. Colores vivos y cambiantes, fastuosos escenarios en distintas partes del mundo, vestimentas extrañas y fascinantes, todo ello para recrear un cuento. Un cuento que tal vez se alarga demasiado, resintiéndose el ritmo del film, y es que es en esta parte donde Tarsem parece recrearse demasiado en su propio universo audiovisual. Además, en cierto momento la historia onírica se vuelve un pelín obvia y previsible, cuando ya comprendemos el juego del narrador. ‘The Fall. El sueño de Alexandria’ gana en su parte real, y en sus momentos finales, cuando los cuentos y los sueños dan paso a la vida misma, toda ella llena de dolor, tanto físico como emocional, pero con sus pequeñas compensaciones, el autor consigue instantes llenos de verdad. A ello contribuyen las dos excelentes interpretaciones de Cantinca Untaru, niña que puede llegar a resultar de lo más encantadora, y Lee Pace, actor de cierto parecido con Clive Owen, que soporta con dignidad un papel no demasiado complicado, pero sí con muchos boletos para llegar a caer en el ridículo. La química entre ambos es de lo mejor de la película.

‘The Fall. El sueño de Alexandria’ tal vez no se encuentre entre lo mejor de los estrenos de este mediocre 2008, pero sí estará muy por encima de la media. Además, nos muestra a un Tarsem dispuesto a enfocar mejor sus trabajos, teniendo un mejor control sobre sus inquietudes visuales, cuidando los demás aspectos de un film. Ya veremos qué le depara el futuro, aunque mucho me temo que lo tendrá difícil.

Nota: ‘The Fall. El Sueño de Alexandria’ es un remake de una película búlgara de difícil acceso: ‘Yo ho ho’ (Zako Eskija, 1981)

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