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¡Esto es un pasote, Kato!

(Britt Reid / The Green Hornet)

Desde el pasado 14 de enero está en los cines ‘The Green Hornet’ (2011), la nueva película del realizador Michel Gondry (autor de ‘Olvídate de mí’ o ‘Rebobine, por favor’, entre otras). Tras un estreno con buenas cifras, quizá por el gancho del 3D, los pronósticos se están cumpliendo en la segunda semana y se confirma que el film no está cautivando al público, que será ese fiasco comercial que se veía venir desde hace meses. Las críticas tampoco están contribuyendo, pero dudo mucho que los responsables de este blockbuster contaran con el apoyo de los profesionales que se dedican a hablar de cine para aumentar la recaudación. Tal como yo lo veo, la culpa de que la película no esté funcionado es que se han equivocado con el enfoque desde el principio, y tampoco han sabido cómo venderla. Han querido aspirar al mercado de ‘El caballero oscuro’ (‘The Dark Knight’) cuando deberían haberlo enfocado al de ‘Kick-Ass’. Pero bueno, igual recuperan la inversión en el mercado doméstico, cuando el varapalo crítico (injustificado a mi parecer) y los problemas de la producción (Stephen Chow la abandonó por diferencias creativas) hayan quedado olvidados.

Cuando me acerqué al cine el otro día, con cierto temor a perder casi dos horas sentado en una butaca, me di cuenta que no tenía muy claro qué podía esperar de ‘The Green Hornet’. ¿Gondry haciéndose cargo de una superproducción con Seth Rogen en plan superhéroe? ¿Qué demonios puede salir de esa ecuación? Algo poco corriente, desde luego. Y eso es bueno, maldita sea. A los pocos minutos de arrancar la película, ya me estaba alegrando de estar viéndola, de haber pasado de tantos comentarios negativos y tantos prejuicios. Desde luego, el avispón verde no es Batman, no es el caballero oscuro, es más bien el gamberro oscuro. El guion de Rogen y Evan Goldberg parte de los tópicos de las películas de justicieros enmascarados (en especial, el hombre murciélago, que es el que está de moda) para reírse de ellos, creando a dos héroes cuya mayor motivación es pasarlo bien machacando a los criminales. No hay pretensión de crear un sofisticado espectáculo dramático, la idea es que el espectador se divierta tanto como los protagonistas. Conmigo lo consiguieron.

the-green-hornet-poster-spainAdaptación a la gran pantalla del serial radiofónico creado por George W. Trendle y Fran Striker (trasladado a la televisión en los 60, con Van Williams y Bruce Lee como protagonistas), ‘The Green Hornet’ gira en torno a Britt (Seth Rogen), el hijo del exitoso y admirado James Reid (Tom Wilkinson), editor del periódico Daily Sentinel. Mientras Britt pasa su vida de fiesta en fiesta, como un aburrido “playboy” que necesita tirar el dinero, su padre se preocupa por el aumento de la criminalidad, dedicando la portada del diario a la última matanza ocurrida en la ciudad. Cuando James muere (por la picadura de una avispa, ejem, y nadie sospecha nada), Britt Reid lo hereda todo, incluido el Daily Sentinel, pero no sabe qué hacer con él, no le interesa, así que lo deja todo en manos de Axford (Edward James Olmos), el hombre de confianza de su padre. Su mayor preocupación es que, de pronto, su café sabe a rayos.

Así es como conoce a un misterioso empleado de su padre, el chino Kato (Jay Chou), que era quien preparaba ese delicioso café con el que se despertaba cada mañana. Es solo una de las habilidades de su amplio repertorio, también diseña y fabrica armas y coches, a lo que hay que sumar que es experto en artes marciales (las artes marciales del cine, más o menos lo que hace Neo en ‘Matrix’). En definitiva, es un auténtico prodigio. Britt encuentra en Kato a su mejor socio y amigo, en un momento en el que necesita cambiar el rumbo de su vida. Cambia de idea sobre el periódico y, tras contratar a una competente y atractiva secretaria (Cameron Diaz), Britt decide ocupar el puesto de su padre. Será la tapadera para su verdadera vocación: luchar contra el crimen. Acompañado por el increíble Kato, Britt adopta la identidad de Green Hornet y se dispone a limpiar las calles de maleantes, a su manera.

Para que os hagáis una idea de qué clase de justicieros son éstos, la primera misión que emprenden es cortar la cabeza a la estatua construida en honor de James Reid. Porque era un gilipollas, en opinión de ambos, y no merecía ningún homenaje. Nada que ver con Bruce Wayne, ya veis. Tampoco llevan vistosos disfraces, prefieren ropa oscura y antifaz. Las armas que usan están incorporadas al coche, no las llevan encima, si luchan dan puñetazos y patadas. Y la chica de la película pasa de romances, a diferencia de lo que suele ser habitual en estos relatos. Son algunos de los acertados cambios introducidos en ‘The Green Hornet’, donde destaca, como en otras historias escritas por Rogen y Goldberg (‘Supersalidos’, ‘Superfumados’), el tratamiento conflictivo y humorístico de la relación de amistad entre los protagonistas, lo que en una película de tipos enmascarados que comparten aventuras nocturnas, resulta de lo más divertido. Britt se siente inferior ante Kato, y éste no soporta que el otro lo trate como un mero sirviente, así que no solo luchan contra los criminales.

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Y luego está este hombre de la foto, un coloso. Sencillamente, merece la pena ver ‘The Green Hornet’ solo por Christoph Waltz. Su primera secuencia (en la que, por cierto, interviene el revalorizado James Franco) ya disculpa todos los errores de la película, y cada vez que aparece uno se olvida que Gondry se muestra torpe filmando escenas de acción o que Rogen habla demasiado, porque el intérprete austriaco se come la pantalla. Su villano, Benjamin Chudnofsky (antes de adoptar una nueva y tronchante identidad), pudo tener el rostro de Nicolas Cage, y lo cierto es que uno comprende el motivo, es un personaje de dibujos animados, excesivo y psicótico; Cage habría encajado, sin duda, pero tenemos a Waltz y lo borda, capta la idea de Gondry y los guionistas, y ofrece una creación intachable, un enemigo temible y patético al mismo tiempo. Amorfa, descompensada, pero en conjunto una disfrutable aventura, ‘Green Hornet’ se sirve de la música de James Newton Howard, algunas ingeniosas ocurrencias visuales de Gondry, y el acertado plantel de actores, para entretener durante más de cien minutos.

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  • Otra crítica en Blogdecine:

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