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Ben Affleck y Rachel McAdams en To The Wonder

Como todos los creadores que no se limitan a satisfacer la demanda del público —aunque miren de reojo su reacción, pues la curiosidad creo yo es inevitable—, Terrence Malick juega en una liga aparte. No es esto algo nuevo, ni mucho menos, y desde luego no es postureo, este hombre lleva esquivando a los medios de comunicación durante décadas, no desea fotos, entrevistas, titulares ni premios. Lo que desea es expresar sus ideas e inquietudes a través del séptimo arte, con la mayor honestidad y libertad posibles.

Sin embargo, la forma de ser y de trabajar de este cineasta filósofo, extremadamente tímido según cuentan sus colaboradores más cercanos, provoca sin buscarlo a las personas de las que intenta huir. Entre otros, a profesionales tan enamorados de sí mismos que se sienten ofendidos al quedar fuera del campo de interés de Malick. En Cannes pude oír a periodistas indignados porque el director no acudió para “explicar” ‘El árbol de la vida’ (‘The Tree of Life’, 2011). Pero la Palma de Oro calla muchas bocas. ‘To The Wonder’ (2012) no tuvo suerte en la Mostra de Venecia y se ha convertido en la excusa perfecta para cargar contra el autor.

Si odiaste ‘El árbol de la vida’, huye

Affleck y Olga Kurylenko en el film de Terrence Malick

Ya he expresado en otras ocasiones mi decepción al comprobar que una parte importante de la prensa (integrada tanto por críticos como por “opinadores”) da más importancia a su punto de vista que a las películas que tiene la suerte de ver en festivales o pases de prensa, así que no insistiré más en el tema. Si queréis discutirlo en los comentarios, me uniré encantado. El público es diferente. Por lo pronto, paga una entrada, algo que muchos de los que hablan de pasión por el cine ya ni se plantean. Pero hay muchas clases de espectadores, no es un único bloque, y la obra de Malick genera toda clase de reacciones. Lo que ante todo es enriquecedor.

Pero mientras que los profesionales dedicados al mundo del cine tienen, por lo general, la obligación de ver las películas que resultan relevantes, el público puede y debe elegir a qué dedica su dinero y su tiempo. En este sentido, y por si alguien aún tiene dudas, mi consejo es que todos los que detestaron ‘El árbol de la vida’ abandonen la idea de ir a ver no ya ‘To the Wonder’ sino todo lo que estrene Malick en el futuro —si estáis al tanto de la actualidad ya sabréis que están en camino dos películas más y un documental—. No seáis tan ingenuos de pensar que este cineasta va a empezar a comprometer su trabajo para satisfacer vuestra necesidad de entretenimiento; hay numerosas alternativas más apropiadas.

Malick radicaliza su estilo

Malick camina en una dirección y ‘To the Wonder’ es el resultado lógico a su evolución artística. Como no desea explicarse, y no tiene por qué hacerlo, solo podemos recurrir a las personas que trabajan con él. Ayer os dejé la parte más divertida de una respuesta de Ben Affleck sobre su experiencia bajo las órdenes del realizador. Lo que no os copié fue una acertada reflexión del actor y director de ‘Argo’ (2012) donde compara las interpretaciones con colores que Malick usa para pintar sus obras. También ha declarado que éste le confesó su interés cada vez mayor por los silencios y que filmaron prácticamente sin guion.

Para las dos películas que están en camino ha prescindido totalmente de textos previos al rodaje; no los necesita. Sigue a los intérpretes por los escenarios que casan con lo que desea transmitir y les pide interactuar tanto con ellos mismos como con el entorno. Ya en la sala de montaje, donde tiene lugar la verdadera construcción del film, inserta en off los pensamientos que considera más adecuados a las imágenes que va encadenando, por razones que van más allá de una línea narrativa convencional. ‘To the Wonder’ no sigue ninguna trama, los acontecimientos saltan en el tiempo sin un orden aparente, apenas hay diálogos o conversaciones, se sustituyen casi por completo por reflexiones y monólogos interiores. No es un film corriente, no.

Amor y Dios

Javier Bardem en una escena de la película

El problema para Malick es que necesita que los actores se comprometan a entregar algo que quizá descubran que no está a su alcance. Por limitación del intérprete, ineficaz trabajo de dirección o ambas cosas. Es fácil responsabilizar a Affleck de los momentos fallidos que implican a su personaje, inexpresivo como una roca, pero cuando aparece el más brillante Javier Bardem y los problemas siguen ahí, ese desequilibrio entre lo se intenta transmitir y lo que aparece en pantalla, uno se da cuenta que Malick tiene parte de culpa. Cuenta el español que durante el rodaje el cineasta le podía señalar un pájaro y pedirle que hablara mentalmente con él como si se tratara de Dios. Debe ser complicado expresar eso…

Las actrices, Olga Kurylenko, Rachel McAdams, Tatiana Chiline y Romina Mondello, están más inspiradas, quizá captan mejor la sensibilidad del autor y se entregan con mayor convicción al método del cineasta, aunque tampoco pueden evitar reacciones forzadas —el enfado en la barra del bar—. No obstante, los tropiezos son escasos y menores en comparación con las virtudes de una película más ambiciosa de lo que aparenta. Visualmente portentosa —Malick tiene un sensacional aliado en Emmanuel Lubezki—, ‘To The Wonder’ es un exigente y apasionante viaje de asombro, duda y reflexión, la búsqueda (eterna) de un sentido a la vida, la felicidad, la frustración y la tristeza que despiertan, nutren, destruyen y transforman el amor.

Una bella imagen de To The Wonder

4 estrellas

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