'Todo es silencio', endeble historia de amistades truncadas, corrupción y narcotráfico

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Todo es silencio

Se estrena este viernes ‘Todo es silencio’, adaptación de José Luis Cuerda de otra novela de Manuel Rivas. Quim Gutiérrez, Miguel Ángel Silvestre y Juan Diego protagonizan esta historia sobre corrupción y narcotráfico en Galicia, contada en dos épocas: finales de los años ochenta y finales de los sesenta. Completan el reparto Celia Freijeiro, Carolina Cao, Chete Lera, Áxel Fernández, Iria Penha y Sergio González.

A pesar de ser negativo, el titular de esta crítica ya hace un favor a ‘Todo es silencio’ al acotar, de forma muy concreta, lo que, en teoría, la película trata de ser. Lo cierto es estas intenciones hay que suplirlas gracias a haber escuchado al director hablar sobre la cinta o haber leído sinopsis y explicaciones sobre ella. Si no, también pueden llegar a suponerse haciendo un esfuerzo de adivinatorio. Pero la película, por sí sola, no transmite nada de lo mencionado, sino que flota sobre demasiadas ideas sin hundirse en ninguna y sin tomar nunca un rumbo definido. Sus dos horas de duración no consiguen hacer que cale nada emocional o narrativo. No es ni un thriller sobre narcotráfico ni una historia personal que llegue cerca, ni mucho menos la conjunción de ambas cosas.

Un punto de vista no definido

Si nada de esto se consigue es por la ausencia de punto de vista. Si estuviésemos, como se supone, de parte del personaje de Quim Gutiérrez, sentiríamos la decepción de encontrar a un mejor amigo convertido en traficante, a la chica que nos gustaba con él y al pueblo del que partíamos transformado en un nido de intercambio de drogas. Se daría valor al concepto de la amistad imposible: de la separación de dos amigos que corren suertes opuestas, pero que siguen teniendo intereses en común. Se sentiría algo de tensión en escenas que, sobre el papel, deberían tenerla, como la de las fotos –en la imagen precedente–, pero que no dicen nada, aunque estén rodadas e interpretadas correctamente. El personaje de Miguel Ángel Silvestre como perspectiva de la historia daría pie a una reflexión aún más rica, pero no se toman ni el uno ni el otro como foco.

Todo es silencio

El personaje de Juan Diego acaba comiéndose la película porque el actor es el que más fuerza tiene. De hecho, aporta una pujanza que le falta al guion. Así, cuenta con dos escenas que argumentalmente son innecesarias para la película, pero que resultan ser las más potentes, como aquella en la que le pide a la mujer de su amigo que le diga guarradas y el discurso ante los secuaces. Al tener más carisma que los personajes principales, el Mariscal aumenta este problema de la dispersión del punto de vista.

El final introduce una posible perspectiva más, al demostrar que quien podría haber ejercido de protagonista era el personaje de Celia Freijeiro. Y así sucesivamente. No es que el foco vaya cambiando para contarnos una multi-historia presentada desde varios frentes, que traslade la empatía hacia un personaje distinto según la escena –en novela se puede hacer esto con mayor facilidad que en cine–. Lo que se ve es una historia sin punto de vista, sin personaje en el que resuenen los sucesos, al que afecte lo que se ve en pantalla.

Todo es silencio

Historia en dos épocas

Cualquier narración en la que no se pueda entrar, ya sea porque los personajes no despiertan la empatía, ya sea porque no hay punto de vista, como ocurre aquí; acabará haciéndose aburrida, incluso aunque sea la anécdota más desternillante o movida de la historia. Así le ocurre a ‘Todo es silencio’ que, además, es excesivamente larga.

A la parte en la que son niños se le concede demasiado metraje. Aunque en general trato de no estar a favor de esas generalizaciones, ante una película como esta, entiendo perfectamente todas las quejas que se suelen verter hacia el cine español. Las historias de niños en el pasado rural gustan tanto que se utilizan una y otra vez y aquí, si bien no hacen falta más que para plantear a los personajes, se les dedica casi medio film por causa de esa misma debilidad que Cuerda ya ha demostrado muchas veces. No sé si intercalar los dos momentos temporales a base de flashbacks habría sido la solución, quizá no. Pero una depuración mayor –es decir, dejar más corta la parte infantil– sí habría beneficiado al conjunto. La secuencia del fado, por poner un ejemplo, se sostendría solo si se hubiese rodado con el arrobamiento que requiere, pero resulta falsa y carente de contenido, así que sería mejor dejarla en la mínima expresión.

Todo es silencio

Otras intenciones malogradas

Si una de las intenciones de la película es alertar sobre cómo el entorno puede estropear a un chaval, habría resultado más interesante que el niño apocado y aquejado por problemas de salud hubiese acabado de narco, mientras que el macarra lanzado llegase al lado de la ley. Sería más contradictorio y, por ende, más interesante, pues contendría un mayor conflicto y serviría más como crítica social. De esa manera, además se otorgaría un significado a la muerte del personaje de Luis Zahera que, tal como está, podría no haber intervenido, lo que sería una pena, pues las suyas son las secuencias más auténticas de la crónica.

Cuerda extrae de su ambientación de época algún plano bonito y algún detalle apreciable, pero en general es una cinta muy baja de intensidad y su estilo de realización ya ha quedado algo rancio. No entiendo muy bien a qué público se dirige, pues si bien tiene cosas que parecen escogidas para un segmento de tercera edad, el argumento podría aspirar a atraer a un público algo más joven o de mediana edad. La indecisión entre historias o planteamientos de tono y género, en lugar de sumar espectadores, quizá haga a muchas personas considerar que no están invitadas.

Todo es silencio

Tenía fe en ‘Todo es silencio’: en un par de ocasiones, he hablado de ella en el blog. Por ende, me dispuse a verla con ilusión y con confianza en lo que presentaba el tráiler, en el buen reparto, especialmente de gente veterana, y en un argumento que podría dar para mucho. Lamento concluir que se produce una enorme decepción ya que ‘Todo es silencio’ presenta un silencio de emociones, un silencio de contenido y no transmite ni de una forma ni de otra.

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