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'Todos tenemos un plan'

Viggo Mortensen produce y protagoniza la coproducción hispano-argentina ‘Todos tenemos un plan’ (2012), escrita y dirigida por Ana Piterbarg. Lo mejor de esta opera prima es la historia que cuenta –un hombre se hace pasar por su hermano gemelo para cobrar el dinero de un rescate–, un argumento con potencial de thriller psicológico que no se alcanza.

La suplantación de identidades puede dar más juego que el fingimiento ante personas que conocían al auténtico hermano o la suplantación en tareas para las que carece de habilidad, como manejar una lancha o trabajar con las abejas. Nos presentaría a un personaje confundido, que huye de su personalidad en busca de una vida más plena, mientras trata de redimirse por la atrocidad que ha cometido.

Protagonista al que no se comprende

Mortensen encarna, sin embargo, a un ser tan enigmático que queda irrepresentado, vacío. No hay personaje. No se entiende qué mueve a Agustín y tampoco se sienten sus dudas o se contagian sus emociones. La interpretación del neoyorquino en español, una vez más, se percibe distante y en absoluto creíble. La película, por lo tanto, deviene fría, lo que se suma a su lentitud narrativa para dar como resultado una tediosa contemplación de bellos parajes acuáticos y neblinosos.

'Todos tenemos un plan'

El tempo pausado es elección de Piterbarg y no una consecuencia de que en su guion –escrito con la colaboración de Ana Cohan– no haya nada que contar, pues suceden cosas y se dan giros en la trama que, como adelantaba, es buena y se podría haber contado con interés. La información y, lo que es más grave, las motivaciones, se reservan no para ser desveladas al final, sino para que el espectador las entrevea o supla de su propia imaginación. El recurso valiente, en lugar de dar como resultado un film que engancha por su misterio, lo que provoca es indiferencia.

Lo que podría haber sido y no es

Cuando Mortensen es Pedro hay más autenticidad y así los primeros minutos, como lo serán también los últimos, nos ofrecen lo que ‘Todos tenemos un plan’ podría haber sido: un cine negro contemplativo, pero que se siente, se mastica, que te envuelve. Un cine de atmósfera, de personajes acabados, duro y poderoso. Quizá algo entre los Coen adaptando a McCarthy y el polar francés de los sesenta y setenta, tanto en lo que nos ofreció en forma de novela como en sus cintas cinematográficas.

'Todos tenemos un plan'

Lo que sucede en la ciudad, por otra parte, es lo que menos logra la empatía o la calidez. Soledad Villamil, actriz que en otras cintas, como ‘El secreto de sus ojos’ (Juan José Campanella, 2009), demostró una capacidad actoral inmensa, aquí está dramática en exceso, fuera del tono contenido del resto del film. El español Javier Godino, también fingiendo el acento, tiene un papel interesante, pero no termina de llegarnos. La mejor intérprete de ‘Todos tenemos un plan’ es la que enuncia el título de la película, la joven Sofía Gala quien, junto con Daniel Fanego, en el papel antagonista, es la única que suena real y actúa con verosimilitud.

Conclusión

Más que una conclusión, ofrezco una aclaración. No critico que un thriller sea pausado o que Piterbarg escoja un tempo contemplativo, si sus intenciones se hubiesen cumplido. Pero un personaje rígido e incomprensible le impide plasmarlas. Mortensen puede ser la baza comercial de ‘Todos tenemos un plan’ que, para qué negarlo, me movió a mí a gastar 9€ y sirvió para posicionar el estreno en un mayor número de salas del que disfrutaría con otro intérprete. Pero es, al mismo tiempo, quien saca de la ficción, por moverse en un idioma que no es el suyo y en el que, por mucho que lo domine, no puede evitar sonar extraño.

Piterbarg, hasta ahora realizadora de televisión, demuestra habilidad para ciertos detalles y, sobre todo, que tiene muy buenas pretensiones. Aunque en la cinta presente no termine de cumplir, promete para el futuro.

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