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Grant: “Llegado el momento, no habrá tiempo para sentimentalismos”.

George: “Si vais a construir un mundo sin sentimientos, no quiero formar parte de él”.

La palabra inglesa “single” puede tener más de un significado en español; puede ser “solo” y también “soltero”. En España, ‘A Single Man’ se ha estrenado bajo el título de ‘Un hombre soltero’, lo cual es correcto, pero a mí me parece que (al igual que pasó con ‘A Serious Man’ de los Coen) habría sido más ajustada otra traducción. ‘Un hombre solo’ refleja mucho mejor el espíritu, el tono, de la película que nos llegó el pasado día 12, el primer trabajo cinematográfico del famoso diseñador de moda Tom Ford.

Aunque ha recibido elogios (quizá más por quién es, que por su labor de dirección), no es Ford quien se está llevando los mayores aplausos por este atípico film. Los focos y los premios están siendo para el actor principal, el inglés Colin Firth, ganador de la Copa Volpi en Venecia y del premio Bafta británico por su trabajo, además de uno de los cinco candidatos para lograr el Oscar. A falta de ver a Jeff Bridges por ‘Corazón rebelde’ (dicen que es el favorito), y sin desmerecer el trabajo de los otros tres actores (que están estupendos en sus respectivas películas), creo que Firth debería llevarse la estatuilla el próximo 7 de marzo. No sólo porque su interpretación es memorable, sino porque la película no podría existir sin ella.

Sensacional Firth, impecable producción

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Y es que el actor (a quien tuve la suerte de entrevistar con motivo de la aparatosa ‘Cuento de navidad’) ha sabido captar a la perfección lo que exigía el difícil personaje del profesor George Falconer, cuya desolación, tras la muerte de su amante, es el alma de la película. Colin Firth se mete en la piel de Falconer y el resultado es tan verdadero que uno llega a creer que realmente es así, que en su vida privada este hombre debe ser así. Es lo que consiguen los buenos actores cuando están inspirados. Está impecable en el telefilme ‘Conspiracy’, y no he visto todo lo que ha hecho, pero dudo mucho que este actor haya estado mejor, más implicado, más natural, en alguna película anterior.

Basada en la novela homónima de Christopher Isherwood, convertida en un símbolo del movimiento gay, ‘A Single Man’ nos traslada (de forma impecable) a la ciudad de Los Angeles en 1962, en el momento de mayor tensión durante la crisis de los misiles cubanos. La paranoia estadounidense con este hecho queda reflejada en la película con el personaje de Lee Pace, a quien ridiculiza el protagonista, soltando una de las mejores frases del film (el diálogo que he citado más arriba). El trasfondo histórico, la mentalidad y la forma de vida del momento es esencial para poder internarse adecuadamente en el drama del solitario Falconer, quien a pesar de su convincente apariencia se revela como un hombre totalmente destrozado por dentro. Por otro lado, aunque quizá estéis en desacuerdo conmigo, me parece que la película gana mucho situándose en los sesenta, que no sería tan elegante ni atractiva trasladada a la década actual.

A la ilusión de vivir en los sesenta contribuye no sólo el vestuario, el atrezo o los decorados, la película no sería la misma sin la fantástica banda sonora, integrada por la exquisita música original (que podéis escuchar en la web oficial del film) compuesta por Abel Korzeniowski y Shigeru Umebayashi, así como de temas tan populares como el ‘Green Onions’ de Booker T. & The MG´s. Te mete en la película. Desde luego, la particular mirada de un hombre como Ford aporta también algo único al film, donde sobresalen imágenes surrealistas, recuerdos en blanco y negro o planos detalle ralentizados, que pretenden capturar la belleza de lo que le rodea. Este recurso está muy bien empleado para dar a entender cómo el protagonista trata de saborear cada instante, una vez ha tomado la decisión de acabar de una vez por todas con su sufrimiento.

Estereotipos, cerrando el círculo

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Pero no es ‘A Single Man’ una película redonda. Como bien apuntaba mi compañera Beatriz en su crítica, Ford cae en una serie de tópicos que empequeñecen su primer trabajo como director. Se cae, y supongo que el problema está ya en la novela, en los estereotipos para componer a la mayoría de los personajes secundarios. El retrato de la época es también poco realista, estilizado, pero este aspecto creo que juega a favor del film, como ya he dicho, y además se puede ver como la manera en la que el protagonista experimenta el mundo. De hecho, toda la última parte (la del profesor y el alumno que interpreta Nicholas Hoult) parece sacada de un sueño, siendo muy similar a su recuerdo de cómo conoció a su amor.

Comparados con el fantástico personaje de George Falconer, los otros resultan mucho menos interesantes. Sólo Julianne Moore, que casi siempre está estupenda, haga lo que haga, consigue dar color, vida e identidad a su Charley, una mujer triste, eterna enamorada del protagonista, eterna frustrada. Después de lo que dije de él con motivo de ‘Watchmen’, va a parecer que le tengo una especie de manía a Matthew Goode, pero igualmente debo decirlo de nuevo: me parece un error de casting. Goode no es mal actor (a su favor diré que en ‘Match Point’ está estupendo), tiene carisma, pero su interpretación aquí carece de autenticidad, al lado de Firth se queda como un principiante que no ha hecho los deberes, que se contenta con salir guapo en la pantalla.

El que todo deba ocurrir en una sola jornada (como en el libro) hace que resulte algo forzado todo lo que le sucede a Falconer en el film (aun contando las horas que no duerme), si bien creo que, de nuevo, hay que tomárselo no de una forma realista, sino más bien como un sueño vivido, una fantasía, en el que el espacio y el tiempo tienen sus propias reglas (los flashbacks y las ensoñaciones del protagonista extienden el horizonte), y donde puedes ver a todas las personas que tienen algo que decir sobre ti, antes de que se acabe y despiertes. El desenlace podría entenderse que va en esta misma línea, aunque a mí personalmente me resultó insatisfactorio. Quizá era el más justo, el más apropiado, pero parece más impuesto por la necesidad de cerrar el relato con un llamativo lazo. A pesar de sus puntos flacos, una película que hay que ver. Excepto los que tengan un problema mental y no sean capaces de tolerar ver a dos hombres enamorados besándose, claro.

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3,5

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