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Imagen con el cartel de 'Un lugar donde refugiarse'

Resulta muy complicado encontrar una película que haga uso de una narrativa convencional y no otorgue cierta importancia en la trama a ese sentimiento tan universal que es el amor. Como es lógico, ha habido acercamientos brillantes y complementarios a lo largo de la historia del cine —mi compañero Alberto está haciendo un imprescindible repaso a 32 películas que en su opinión lo describen a la perfección—, pero también muchos intentos de sacar el dinero a los cinéfilos recurriendo a todo tipo de prostitución emocional para intentar forzar algún tipo de empatía entre los sentimientos del espectador y los de los protagonista de la función.

El subgénero de la comedia romántica es el que más ha abusado en los últimos tiempos de la confianza del espectador al crear una imagen tan deformada e imposible de alcanzar del amor que solamente podías reaccionar con indignación ante lo que se está contando o pena ante la imposibilidad de que la vida real sea tan maravillosa como las películas. Eso también ha acabado trasladándose a las producciones en la que lo romántico domina al resto de elementos, algo muy habitual en las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Nicholas Sparks, donde, eso hay que reconocérselo, no se recurre a un humor de dudosa valía para intentar hacer más digerible la historia. Por desgracia, eso no quiere decir que las cintas avaladas por su prosa sean especialmente solventes, pero sí que suelen contar con un nivel más estimable que el mostrado por la lamentable ‘Un lugar donde refugiarse’ (‘Safe Haven’, Lasse Hallström, 2013).

Un sucedáneo barato del amor

Los protagonistas de 'Un lugar donde refugiarse'

Una de las claves de las adaptaciones de las novelas de Nicholas Sparks es la tendencia a medida que avanza la trama a echar mano de unos excesos dramáticos que rara vez hacen algún bien al resultado final. Este punto es particularmente conflictivo en el caso de ‘Un lugar donde refugiarse’, ya que los guionistas Leslie Bohem —‘Un pueblo llamado Dante´s Peak’ (‘Dante’s Peak’, Roger Donaldosn, 1997)— y Dana Stevens –‘City of Angels’ (id, Brad Silberling, 1998)— no tienen problema en hacer todo lo posible por engañar al espectador en aras de un happy ending que trasciende los límites habituales para acabar dejando con cara de tonto al espectador ante lo que se nos quiere hacer creer.

Cualquiera que pretenda sentarse a ver una película como ‘Un lugar donde refugiarse’ es consciente de los límites que ésta va a autoimponerse a sí misma: Chico conoce chica, flirtean, salen juntos, surge algún problema que los distancia hasta el punto en el que podrían dejar de ser pareja, pero todo acaba resolviéndose para satisfacción de aquellas espectadoras —puede pecar de sexismo al hacer esa distinción, pero creo que es lo dominante en estos casos— que simplemente quieren saciar al monstruo interior que les crea la necesidad de consumir este tipo de cine. No suelen tener interés en lo artístico, pero cumplen una función de una forma relativamente respetable y no queda otra que aceptarlo, pero la cinta dirigida por Lasse Hallström se excede tomándose una serie de libertades que acaban aniquilando cualquier atisbo de credibilidad que pudiera haber en la ficticia relación entre Julianne Hough y Josh Duhamel.

Nada se salva

Imagen de 'Un lugar donde refugiarse'

Es muy triste ver cómo Lasse Hallström ha renunciado en los últimos años a ese toque singular que hacía que películas como ‘Las normas de la casa de la sidra’ (‘The Cider House Rules’, 1999) o ‘Chocolat’ (id, 2000) tuviesen un encanto especial —y muy diferente en ambos casos—, siendo su presencia tras las cámaras una de las claves para encontrar el tono adecuado para narrar la historia. Ya durante la década pasada hubo claros altibajos, pero eso no impidió que sacara adelante producciones tan estimables como ‘La gran estafa’ (‘The Hoax’, 2006) o ‘Siempre a tu lado’ (‘Hachiko’, 2009). Ni siquiera fui capaz de ver más de diez minutos de ‘Querido John’ (‘Dear John’, 2010) y aún así me temo que seguramente Hallström hiciese mejor su trabajo en ese primer acercamiento suyo a la literatura de Nicholas Sparks que en el que ahora nos ocupa.

La recreación en la belleza paisajística y la composición de varias escenas para que parezca una postal musical sobre la felicidad en lugar de parte de un todo con un mínimo de ambición. Hallström sucumbe a los tópicos de este tipo de producciones y muestra una gran desgana cuando toca centrarse en los toques de thriller de la historia, limitándose entonces a dejar que David Lyons ponga cara de mala persona. Eso produce un grave desequilibrio que solamente consigue que ‘Un lugar donde refugiarse’ sea aún más lamentable cuando el thriller —especialmente patéticos los intentos iniciales de crear suspense— ha de confluir con la parte romántica. Hallström, que se había limitado hasta entonces a poner la cámara para que todo pareciera bonito y nada más, reniega de la necesidad vital de la película de un mayor arrojo por su parte, ya que confía en que la ambientación nocturna sea suficiente para salvar la papeleta.

Cuando hace unos años seguía la televisiva ‘Las Vegas’ (2003-2008), creía que Josh Duhamel estaba destinado a dar el salto a la gran pantalla, ya que mezclaba una destacable presencia física con ese puntito de carisma necesario para dar rienda suelta a su faceta más canalla o sentimental, pero empiezo a creer que está condenado a ser un mediocre que lidere producciones románticas de escaso interés o sea un secundario anodino en los blockbusters. En ‘Un lugar donde refugiarse’ fracasa estrepitosamente al querer ganarse la simpatía del espectador dando vida a un viudo con un par de hijos a su cargo que quiere rehacer su vida. Sin embargo, peor aún es lo de Julianne Hough, cuya única credencial es lo que podéis ver en la imagen que está justo debajo de este párrafo, algo que dudo mucho que sea suficiente para protagonizar una película que no esté encaminada a un público más adulto.

Imagen de Julianne Hough en bikini en 'Un lugar donde refugiarse'

Ya es suficientemente malo el resultar insípido a la hora de mostrar el surgimiento y desarrollo de una historia de amor improbable como la que aquí se cuenta como para encima ofrecer un cóctel de géneros en el que ninguno de ellos tan siquiera alcance un nivel digno de ser considerado como mediocre. Y lo peor de todo es cuando confluyen para ofrecernos un tramo final tan disparatado que tomárselo a risa es la única opción sana que uno puede tomar si no quiere acabar cabreado tras su visionado. Hasta ‘La saga Crepúsculo: Amanecer. Parte 2’ (‘The Twilight Saga: Breaking Dawn. Part II’, Bill Condon, 2012) y sus predecesoras son más respetables que este ridículo bodrio conocido como ‘Un lugar donde refugiarse’.

Otra crítica en Blogdecine: ‘Un lugar donde refugiarse’, un cine del que huir

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