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Para aquellos que piensen que Michael Caine y Demi Moore resultan una pareja de lo más curiosa para una película, hay que decirles que estos dos ya habían trabajado juntos hace años en la última película del genial Stanley Donen, la divertida ‘Lío en Río’; eso sí, en aquel film la Moore tenía un papel más bien secundario. Ahora, que las carreras de ambos han ido por caminos totalmente distintos, vuelven a unirse de la mano del impersonal Michael Radford, de quien todos habréis visto la sobrevalorada ‘El Cartero y Pablo Neruda’, probablemente su película más famosa, incluso más que ‘1984’.

Radford, que es otro de esos directores que no tienen dos películas iguales, nos cuenta aquí la historia de un robo de diamantes perpetrado en la London Diamond Corporation de Londres en 1960, llevado a cabo por uno de los empleados dedicados a la limpieza del lugar, que le propone el plan a la única ejecutiva de la empresa, que por ser mujer, tiene los días contados en dicha empresa. El robo puede ser la venganza perfecta.

La película intenta devolvernos a aquellas películas de los años 60 y 70, en las que se narraban robos espectaculares, y digo intenta porque ahí se queda la cosa. En ningún momento asistimos a un revival de dichas películas, ni siquiera a una puesta al día de dichos films. La cosa se queda a medio camino. Por un lado, el plan para robar los diamantes es bastante interesante, y al espectador lo tienen un buen rato totalmente intrigado por saber cómo se ha efectuado el robo, algo que evidentemente sabremos minutos antes de que termine la proyección. Ese es el punto más interesante, argumentalmente hablando, de la película, la cual falla en otras cosas.

Los personajes no tienen el más mínimo desarrollo dramático, no evolucionan, y al final nos quedamos como al principio. Menos mal que tenemos a un monstruo de la interpretación como Michael Caine para alegrarnos la función, ya que él solito es capaz de levantar la película. A su lado, una Demi Moore ya madura y muy elegante y sofisticada, pero totalmente inexpresiva en su rol, y sin nada que hacer al lado de Caine, aunque intenta aguantar lo mejor posible. Un tercer personaje que entra en escena bien avanzada la película, e interpretado por Lambert Wilson estropea bastante el ritmo del film, y ni siquiera representa el peligro que debería presentar para los otros dos personajes, resultando todo como muy fácil, teniéndolo nuestros ladrones algo chupado desde el principio, a pesar de ciertos inconvenientes, como la incursión de ciertas cámaras de vigilancia que suponen una pequeña contradicción en el desarrollo argumental de la película. Y no hablemos de ese pasteloso epílogo con moralina, totalmente fuera de lugar, metido a calzador y que no es precisamente la mejor forma de cerrar la película.

Radford dirige con la suficiente eficacia como para que el resultado final resulte agradable para el espectador, pero no más. El director carece de la garra y el brío narrativo que una historia de estas características necesita, y al final aunque queda una película aceptable y con la que pasar un rato distraído sin ningún tipo de preocupación, a uno lo queda la sensación de que se ha desaprovechado una buena oportunidad de volver a hacer ese tipo de cine que no trata al espectador como si fuera imbécil. Una vez más la intención no ha bastado para hacer un film ejemplar, ha faltado arrojo y valentía.

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