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'Un traidor como los nuestros' no da la talla
Críticas

'Un traidor como los nuestros' no da la talla

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Desde la notable ‘El espía que surgió del frío’ (‘The Spy Who Came In From The Cold’), la primera adaptación de una obra de John le Carré, hasta ‘Un traidor como los nuestros’ (‘Our Kind of Traitor’) han pasado más de 50 años. En todo ese tiempo uno esperaría haberse encontrado con infinidad de versiones cinematográficas de novelas del aún en activo escritor inglés, pero lo cierto es que se trata de solamente la décima película.

Hasta ahora había disfrutado en mayor o menor medida con todas las que había visto, en especial con ‘El jardinero fiel’ (‘The Constant Gardener’) y ‘El topo’ (‘Tinker Taylor Soldier Spy’), por lo que confiaba que esa racha se mantuviera con ‘Un traidor como los nuestros’, ni que fuera por lo atractivo que resultaba su reparto. Por desgracia, me he encontrado una propuesta monótona e insustancial en la que hay muy poco rescatable.

Una constante decepción

Protagonistas Un Traidor Como Los Nuestros

Apenas son necesarios unos minutos para tener claro que hay algo que falla en ‘Un traidor como los nuestros’ y es la alarmante falta de energía de la propuesta. No tengo del todo claro si es algo que ya está presente en el guion de Hossein Amini o si es que simplemente Susanna White no era la persona adecuada para sacar todo el jugo posible a la historia ideada por Le Carré, pero sí que lo que vemos en pantalla carece de la fuerza necesaria para captar nuestra atención.

Ahí podemos establecer una diferencia clara entre los tres personajes protagonistas. Por un lado, Stellan Skarsgard hace todo lo que puede para clavar al carismático mafioso que interpreta y es él quien logra evitar que uno desconecte por completo de lo que sucede. En el polo opuesto está una Naomie Harris distante y que casi da la sensación de no querer estar ahí, algo que encaja hasta cierto punto con su personaje, pero sobrepasa los límites racionales para restar emoción en todo momento.

Entre medias tenemos a un Ewan McGregor perdido entre dos tierras y cuyas motivaciones nunca están explicadas o mostradas de una forma satisfactoria. Un problema bastante importante cuando él es el personaje clave para que la historia vaya avanzando. A su alrededor mucho relleno -de lo contrario todo se resolvería de una forma rápida y eficiente- entre el que únicamente sobresale, aunque mucho menos de lo esperado, Damian Lewis.

’Un traidor como los nuestros’, totalmente desaprovechada

Stellan Skarsgard Un Traidor Como Los Nuestros

De lo desaprovechado pasamos pronto a lo desesperante, ya que incluso Skarsgard acaba normalizándose a medida que quedan completamente claras sus intenciones, quedando todo reducido a un plan un tanto rocambolesco que hace agua por todas partes por el paupérrimo tratamiento del matrimonio protagonista. Ahí debería haberse encontrado un punto de apoyo e identificación para el espectador en lugar de algo que sólo transmite indiferencia.

La cuestión es que los personajes siempre han jugado un papel esencial en las adaptaciones de obras de Le Carré, siendo ellos los que motivaban que todo nos interesase más, incluso cuando los diversos complots podían presentar ciertas fragilidades o complicarse quizá en exceso. Aquí el gran problema es que nunca brilla y acaba dando pie a un suspense desteñido e insustancial en el que tanto te da quién muera y quién viva o si los villanos van a salirse o no con la suya.

Tampoco es que busque ser fría, una opción más que respetable siempre que sepa cómo jugar con ello, pero es el resultado de una mezcla de convenciones, pequeñas absurdeces dispersas a lo largo del relato, el pobre trabajo de creación de personajes -Skarsgard y Lewis algo lo compensan, pero no es suficiente- y la incapacidad de White para resultar emocionante por cualquiera de las vías posibles van cercenando su credibilidad, convirtiendo en inservible su tímido arreón final.

En definitiva, ‘Un traidor como los nuestros’ es una decepción que no logra atraparnos por ninguna vía, tanto por su desaprovecha historia como por sus deficientes y algo lánguidos personajes. Sólo parte de su reparto evita el colapso total, pero es que en algunos casos incluso acaban cayendo en los errores propios de sus personajes. Como mucho para ver durante la sobremesa del fin de semana cuando el cuerpo te pida más una siesta que otra cosa.

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