'Venganza: Conexión Estambul', volvieron a elegir al hombre equivocado

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Imagen con el cartel de 'Venganza: Conexión Estambul'

Hace unos años se estrenaba ‘Venganza‘ (Taken, Pierre Morel, 2008), una de las muchas producciones con las que Luc Besson está afianzando el género de acción en Francia. Las máxima siempre fueron ajustar al máximo el presupuesto y, si se podía, contratar a algún rostro conocido en Hollywood. Lo que pocos se esperaban es que ‘Venganza’ fuera un éxito tan atronador al conseguir recaudar casi 150 millones de dólares sólo en Estados Unidos, lo que dejaba en ridículo los apenas 25 que costó. Era obvio que la secuela iba a llegar más temprano que tarde, siendo este viernes cuando ‘Venganza: Conexión Estambul‘ (Taken 2, Olivier Megaton, 2012) llega a los cines españoles. La gran duda de muchos es que ya la primera entrega era un deja vu constante que rozaba peligrosamente el convertirse en una propuesta cansina y ridícula, algo aún más difícil de evitar cuando la propia compañía apuesta por el eslogan ‘volvieron a elegir al hombre equivocado’, grandioso en su absurdez (tanto que he tenido que mantenerlo como titular de la crítica), pero que no hace que uno tenga demasiadas esperanzas en el nivel de la película. Por fortuna, ‘Venganza: Conexión Estambul’ no sólo no es una pérdida de tiempo, sino que estamos ante un digno entretenimiento.

Liam Neeson es Dios

En el fondo, la fórmula que utiliza ‘Venganza: Conexión Estambul’ no se diferencia tanto de la de ‘Los Mercenarios 2‘ (The Expendables 2, Simon West, 2012), es decir, una apuesta por un tipo de acción muy de moda durante varios años del siglo pasado que conlleva que su protagonista se dedique a repartir estopa como si no hubiera un mañana. Sin embargo, el elemento nostálgico aquí tiene mucho menos peso, pues Liam Neeson nunca había sido un intérprete especialmente asociado a este tipo de propuestas, siendo esa la gran baza que supo jugar con maestría ‘Venganza’.

Imagen de Liam Neeson repartiendo estopa en 'Venganza: Conexión Estambul'

Es cierto que Neeson ha aparecido en varias producciones de cine comercial dejando con la sensación al espectador de esforzarse muy poco para recibir el jugoso cheque que obtenía a cambio de lo que algunos catalogarían como poco menos que prostitución artística. He de señalar que este desprecio generalizado hacia el cine comercial me provoca nauseas (y caer en el mismo error pero en la otra dirección es igual de decepcionante), pero no es eso de lo que toca hablar ahora, sino de que el protagonista de la apreciable ‘Infierno blanco’ vuelve a demostrar su capacidad para levantar una película que parecía abocada a convertirse en una calamidad insalvable. Su mera presencia ya transmite una credibilidad que ‘Venganza: Conexión Estambul’ no consigue por su guión, algo que también sucede cuando se dedica a liquidar a todo maleante que se cruce por su camino. Él vuelve a ser la película.

No voy a negar que su personaje es un cliché andante que mezcla sin vergüenza alguna al Jack Bauer de la televisiva ‘24’ (2001-2009) y el Paul Kersey de la franquicia cinematográfica iniciada por ‘El Justiciero de la Ciudad’ (Death Wish, Michael Winner, 1974), pero ha llegado un punto en el que el cine la originalidad es prácticamente un oxímoron sólo alcanzable a través de propuestas que algunos alabarán por el mero hecho de ser diferentes, aunque a la hora de la verdad su interés sea bastante dudoso. Y es verdad, el reencuentro con Bryan Mills no nos va a ofrecer nada que no supiéramos ya, pero sí una actuación perfectamente ejecutada por un carismático Liam Neeson, más que suficiente para que podamos pasar un rato entretenido si nos decidimos a verla.

Otros aspectos de ‘Venganza: Conexión Estambul’

Mucho ojo con Liam Neeson en la secuela de 'Venganza'

Por desgracia, hay muchas más cosas en ‘Venganza: Conexión Estambul’ además de Liam Neeson y, la verdad, no hay ninguna que merezca ser destacada positivamente. El caso más preocupante es el cambio de director, ya que Olivier Megaton fracasa de forma absoluta a la hora de ofrecernos una película más espectacular, una de las soluciones habituales cuando no hay nada nuevo que contar en una segunda entrega. Y es que parece ser que ha contado con un presupuesto que duplica al de su predecesora, pero a cambio sólo sabe ofrecernos peleas en las que la cámara parece padecer por momentos de esquizofrenia, lo que resta empaque a varias peleas cuerpo a cuerpo. Además, las ocasiones en las que puede ofrecer cierto lucimiento visual (la persecución por los tejados), lo absurdo de la situación se sobrepone a su posible poderío en otros apartados.

El guión de Luc Besson y Robert Mark Kamen tampoco ayuda nada, ya que recurre a soluciones bastante difíciles de justificar para aspectos clave de la trama (la implicación de su hija como posible salvadora de la situación), por no hablar de la retahíla de tópicos poco estimulantes que abundan hasta que el secuestro se hace efectivo. Esto es algo que afecta especialmente a las interpretaciones de Famke Janssen y Maggie Grace, los seres queridos del protagonista. La primera apenas tiene peso real en la historia más allá del primer acto y la segunda sigue resultando un tanto insoportable por mucho que quieran intentar compensarlo haciendo que esté en bikini un buen rato. También decepciona Rade Šerbedžija como el gran villano de la función, ya que es el tipo de enemigo que delega demasiado en sus lacayos y luego no está a la altura de lo deseado en el gran enfrentamiento final, donde es Neeson el que cuenta con otro pequeño momento de gloria para su Bryan Mills.

Imagen de Liam Neeson en la secuela de 'Venganza'

En definitiva, ‘Venganza: Conexión Estambul’ es una propuesta aún más absurda e irreal que la primera entrega, aunque encuentra su redención al cumplir su principal objetivo de entretener al público, sin llegar a la tremenda eficacia de ‘Venganza’, eso sí. Liam Neeson sigue siendo lo que coloquialmente conocemos como el puto amo en un personaje con unos referentes muy obvios, pero el talento del intérprete británico consigue que eso sea algo irrelevante. Las pegas llegan en el resto de personajes, a mitad de camino entre lo desaprovechado y lo absurdo, y un mejorable trabajo de Olivier Megaton tras las cámaras. Con todo, una opción recomendable para ver únicamente cuando no quieres poner a trabajar a tus neuronas.

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