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verbo espejo

La diferencia de edad que existe entre alguien de 15 años y alguien de 19 es mayor que por ejemplo alguien de 36 años y alguien de 40. Esos cuatro años suponen una diferencia abismal cuando se trata de adolescentes, y digo esto porque Alba Mirás García, de unos 19 años bien puestos interpreta en su primer papel para el cine —y esperemos que el último— a una chiquilla de 15 años, suponiendo el primer punto de distanciamiento con lo que ‘Verbo’ (Eduardo Chapero-Jackson, 2011) narra. No estamos ante el caso de un Michael J. Fox de 26 años dando el pego perfectamente como chaval en ‘Regreso al futuro’ (‘Back to the Future’, Robert Zemeckis, 1985). El dato de la edad sobraba y ese pequeño fallo se paga caro. Es imposible creerse a la actriz. Pero no es lo único horrible en una película tan, tan, tan pretenciosa como ‘Verbo’, recibida hace unos meses entre admiración y repulsión.

Eduardo Chapero-Jackson es uno de esos extraños casos de cineasta al que se encumbra por haber realizado tres cortos resultones. Un caso parecido al de Nacho Vigalondo aunque este se ha mostrado más cauto en su ópera prima. El doble salto mortal sin red que realiza Chapero-Jackson en su primer largometraje tal vez merece un aplauso por su atrevimiento y la osadía de intentar abrir nuevos caminos en un cine que según algunos se acaba. Pero una cosa son las intenciones y otra bien distinta los resultados. ‘Verbo’ me ha parecido un film bochornoso que se adentra en el fantástico de forma torpe y ridícula, a la par que desprende una filosofía de baratillo absolutamente repugnante. Y lo que es peor de todo: aburre.

verbo linternas

La historia, obra y gracia del señor Chapero-Jackson, narra la historia de Sara, una niña de 15 años (sic) que como todos los críos a esa edad demuestran un poco de rebeldía. Pero los pensamientos de Sara van mucho más allá en sus reflexiones. Dotada de una especie de sexto sentido está convencida de que en el mundo hay más cosas que las que vemos. A través de pistas dejadas por toda la ciudad Sara se adentrará en un mundo oscuro y peligroso, en el que vivirá un sinfín de aventuras con la finalidad de salvar su vida, y también la certeza de poder cambiar su mundo, su existencia y aspirar a algo más. Los espejos forman un portal a otra dimensión en la que Sara encontrará amigos que confían en ella. Indudablemente los ecos de Lewis Carroll y su ‘Alicia en el país de las maravillas’ son más que evidentes, amén de otras influencias más tangenciales —parece que la sombra de ‘Matrix’ (‘The Matrix’, The Wachowski Brothers, 1999) es muy larga—.

Se ha hablado mucho de la fuerza visual del director y a un servidor no le parece nada del otro mundo. Saber colocar una cámara y moverla no es una característica muy común en los cineastas españoles y ese es el mínimo que cumple Chapero-Jackson. Ahora bien, saber utilizar la puesta en escena como primordial herramienta de narración es algo que se le escapa de las manos. No hay nada bien definido ni mostrado en la realidad de Sara —sus problemas escolares, cuyo maniqueísmo huele a kilómetros de distancia, o las escenas con su madre (una aburrida Najwa Nimri)— ni en en esa especie de mundo paralelo en el que todo es oscuridad y la verborrea predomina como forma de vida. Vergüenza ajena es lo que provocan las frase lapidarias pronunciadas con trascendental tono en un guión en el que encuentro influencias de ‘Orfeo’ (‘Orphée’, Jean Cocteau, 1950) o ‘El otro lado del espejo’ (‘Geoul sokeuro’, Kim Sung-ho, 2003).

verbo najwa

No puedo evitar reírme cuando Sara busca las señales repartidas por toda la ciudad, y estas no pasan desapercibidas, no, son gigantescos murales unidos temáticamente que cualquiera con dos dedos de frente hubiera relacionado. Afortunadamente, cuando Sara los descubre no hay demasiada gente por las calles —problemas con los extras, imagino— y ella solita va descifrando el mensaje. Que su paso doloroso al otro mundo sea recompensado con la presencia de Miguel Ángel Silvestre, Macarena Gómez y Víctor Clavijo es una broma de mal gusto que invita a huir desesperadamente de ese lugar. Tres intérpretes que se olvidan precisamente de eso, interpretar, sobre todo cuando deben recitar frases filosóficas que poseen la profundidad de una zapatilla. Desgraciadamente contagian a la pobre Sara que se rebela ante su profesor recitando poesía como grito final de rebeldía mientras reniega de un mundo que no es el suyo.

No encuentro nada salvable en ‘Verbo’. Su historia no sensibiliza ni a jóvenes —probablemente el público del film— ni a adultos que una vez fueron jóvenes. Intenta abarcar demasiados campos y sus escarceos con la animación y la música rap terminan por irritar. Una pérdida de tiempo total y absoluta que descubre a una cineasta que ahora tiene en su haber la responsabilidad de seguir arriesgando por ese camino —y eso no indica que vuelva a hacerlo mal— o calmar sus ansias de querer ser alguien, tal y como reza el film en un momento dado.

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