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Entre todas las desgracias que nos trajo el 2012 —para un servidor año lamentable en lo personal, y en lo general qué os voy a decir— está la del fallecimiento de Joaquín Romero Marchent, considerado por muchos como el padre del western europeo. Un claro precedente de los spaghetti-westerns que se rodaron en Almería, coproducciones con Italia y buena parte de equipo técnico español, sobre todo actores. En nuestro país además Marchent gozó de una enorme popularidad cuando se encargó de un buen número de episodios de la mítica serie ‘Curro Jiménez’ (1976-78) que popularizó Sancho Gracia, actor también fallecido este año. ‘El coyote’ (id, 1955) es el tercer largometraje del director y aunque no estamos ante una gran película, su presencia en este ciclo es más que justificada.

Nos encontramos ante la primera adaptación cinematográfica del popular personaje de las novelas de José Mallorquí, y que tuvo su continuación en ‘La justicia del coyote’ (1956). Cabe citar que uno de los guionistas es Jesús Franco, con un libreto verdaderamente delirante, y que Marchent tomó las riendas de una producción que comenzó a dirigir el mexicano Fernando Soler. El resultado está lejos de contentar a los amantes del western, incluso hay que aguantar el típico humor castizo de aquellos años y que hoy se ha quedado viejo. No obstante hay varios elementos en ‘El coyote’ que la salvan de la quema.

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Si de algo peca una película como ‘El coyote’ es de una enorme torpeza por parte de su realizador a la hora de imprimir cierto ritmo, y ya no hablemos de las extrañas elipsis, o decisiones que toman algunos personajes, del todo incomprensibles, con una acción que avanza a saltos y sin demasiada coherencia. Hasta un tramo final harto más interesante, y en el que se hallan algunos de los clichés del subgénero que más tarde gozaría de las mieles del éxito, lo más destacado de ‘El coyote’ es la interpretación de su protagonista central, Abel Salazar, un habitual del cine fantástico y de terror mexicano en los años 50 —hablamos de él en ‘El vampiro‘ (Fernando Méndez, 1957)—, que logra con su composición destacar por encima del resto del reparto.

De hecho, hay en la interpretación de Salazar una chulería que ya les gustaría para sí los action hero de los años 80, por poner un ejemplo, u otros muchos del universo western. En el sarcasmo y cachondeo del personaje, al que Salazar se enfrenta con envidiable pericia, está el soporte de la película. Es gracias al trabajo del actor, que sale no pocos planos en el film durante los 75 minutos de duración, por lo que se soporta con buen humor un film de estas características, pobre en muchos aspectos. No obstante, el paso del tiempo, que suele poner las cosas en su sitio, hace brillar el trabajo de Salazar, quien está mucho mejor en su farsa ante la sociedad que le rodea —cobarde, quisquilloso y amanerado— que en su rol de justiciero. En cualquier caso, a su lado empequeñece el resto del elenco, con alguna que otra interpretación forzada.

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Cuando uno ya piensa que la película no la va a salvar nada —su primera hora es en verdad temible—, Marchent se reserva la inspiración para el tramo final en el que la película casi alcanza cotas de cine fantástico. La aparición del personaje central en una calle nocturna, dispuesto a enfrentarse al malvado yanqui que tiene oprimido al pueblo, tiene algo de fantasmal, anterior a lo que más tarde haría Sergio Leone o incluso Clint Eastwood. Pero hay más, el aspecto sucio del film, que casi se puede palpar la tierra y el polvo, o ese uso de los primeros planos en el enfrentamiento final enlazarían directamente con una de las características principales del western europeo que tanto apogeo tuvo en los años 60.

Marchent limaría su estilo como más tarde demostraría en westerns superiores. En ‘El coyote’ se revela algo tosco, aunque logra de la simplicidad del conjunto cierto encanto que se aprecia hoy. El personaje, una variante del Zorro, podría haber estado mejor tratado, sobre todo en lo que respecta su forma de vida, pero eso habría significado emplear más minutos de metraje, y ‘El coyote’ es lo que es. Una película a ratos entretenida, otras un poco bochornosa, pero humilde y con cierto punto de humor. Hasta su ingenuidad puede verse como una de sus virtudes.

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