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Seguimos en este ciclo del Western con John Sturges sobre el que nos volveremos a parar en el siguiente film que incluiremos en el especial. Hoy nos paramos en ‘Fort Bravo’ (‘Escape from Fort Bravo’, 1953), el primer western digamos importante que hizo Sturges y en el que ya demostraba que se convertiría en uno de los grandes del género. En ella se encuentran algunas de las claves para un cine que Sturges elevaría a lo más alto, y en cierto sentido sería el precursor de realizadores como por ejemplo Sergio Leone, quien no dejaba de homenajearlo a través de sus encuadres y panorámicas. Además, ese aspecto sucio de los films de Leone tiene su origen en directores como Sturges, uno de los primeros que empezó a mancharse, por así decirlo, en el western.

(From here to the end, Spoilers) ‘Fort Bravo’ narra el enfrentamiento por un lado entre yanquis y confederados, estos últimos prisioneros en un fuerte en el que destaca la figura del Capitán Roper (William Holden), un hombre de métodos poco ortodoxos, asqueado del mundo en general, pero con un claro espíritu de lucha. Al mando de los prisioneros, el Capitán John Marsh (John Forsythe), alguien mucho más relajado, incluso educado y con un único interés: escapar. La tercera en discordia será Carla Forester (Eleanor Parker), una mujer con carácter debatida entre el amor de dos hombres, tan distintos como parecidos. Un triángulo como punto de inflexión para los tres personajes en medio de un marco de lo más salvaje, algo que conocerá su máxima expresión en la formidable media hora final de la película.

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Sturges juega una vez más a la dualidad con sus personajes. Tenemos a los ya citados Roper y Marsh, mandos al cargo de varios hombres y distintos en carácter. Carla sueña con una vida plena y feliz, pero pronto descubre que el hombre con el que la iba a pasar no es el que realmente quiere. En el grupo de confederados tenemos a la típica pareja cómica formada por un muchacho y un viejo, las voces de la juventud siempre impulsiva y la experiencia. Roper esconde en su coraza de tipo duro un amante de las flores, aquellas que cuida cariñosamente en su jardín trasero. Otro de los confederados odia la guerra y el ejército, para los cuales no nació pues posee un alma de poeta. Así podríamos seguir con varios personajes, definidos perfectamente en su primer tercio.

Si algo llama la atención en ese mencionado tercio es sobre todo el dibujo de dos de los personajes centrales. Por un lado Roper —un rudo William Holden, intentando ir en contra de la imagen que se habría labrado durante aquellos años— queda perfectamente definido cuando para disgusto de todos trae a un prisionero confederado que ha escapado de vuelta al fuerte. Lo trae atado de manos, andando y sin darle agua, lo que hará que Roper no sea bien visto no sólo por el enemigo, sino por algunos de sus propios hombres. En seguida entra en escena la maravillosa Eleanor Parker, dando vida a una mujer con más carácter aún —atención a los brillantes diálogos que mantiene con Roper sobre el matrimonio—, tanto que su magnetismo se apodera enteramente del film en ese tramo; por fin un personaje femenino que no está de adorno, aunque la importancia del mismo disminuye según avanza el film.

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Es en la última parte de ‘Fort Bravo’ donde Sturges descubre todas sus cartas y demuestra sus dotes para el género. Filmada en el Valle de la Muerte, la película hace gala de unos extraordinarios paisajes que combinan a la perfección con la historia. En un paisaje desolado, terroso, con un sol abrasador, Sturges realiza una set piece antológica, aquella en la que un grupo de hombres —Roper, Carla, más soldados yanquis y confederados, uniendo sus fuerzas contra un enemigo común, una tribu de mescaleros— quedan atrapados a merced de los indios, y estos los cercan con tácticas de guerra inesperadas. Sirva como ejemplo esas flechas lanzadas tomando como guía lanzas que marcan la situación de los soldados, agazapados en un desnivel. Pocas secuencias tan largas en el western poseen tanta tensión y están tan bien filmadas.

Queda cierto aire de decepción en un final tal vez algo apresurado y forzosamente feliz, aunque el número de muertos en ese punto es considerable. Con todo ‘Fort Bravo’ es una excelente muestra de género, bien dosificada en sus partes íntimas y en aquellas en las que el espectáculo de primer orden hace acto de presencia. Así, los interiores tan expuestos en su primera parte, en la que el relato tiene un corte más íntimo, chocan con los grandes espacios de su segunda mitad, mostrando a un Sturges en plena forma que muy pronto daría mucho que hablar por sus aportaciones a un género que le proporcionaría fama y dinero, mientras a nosotros nos dejaba joyas para disfrutar una y otra vez. En la siguiente película hablaremos de una historia en la que un tren, otro elemento vital del western, se interpondrá entre dos viejos amigos. De la mano de Sturges, de nuevo.

Fort Bravo

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