Western: 'Más rápido que el viento' de Robert Parrish

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En el Hollywood clásico, el de los grandes estudios —ese que muchos defensores de lo nuevo atacan sin piedad sin ni siquiera profundizar lo suficiente— existía una moda algo extendida: sustituir a un director en mitad de rodaje y el sindicato sólo permitía la firma del mismo si se cubría cierto porcentaje del metraje, algo que también afectaba a los guionistas. El caso que hoy nos ocupa es uno de esos casos: ‘Más rápido que el viento’ (‘Saddle the Wind, 1958) está acreditada por Robert Parrish, pero en la silla de director también se sentó John Sturges, un experto en western, con todas las letras, autor de films tan inolvidables como ‘Los siete magníficos’ (‘The Seven Magnificent’, 1960) o ‘Duelo de titanes’ (‘Gunfight at the O.K. Corral’, 1957).

A día de hoy desconozco cuál ha sido el material filmado por Sturges y cuál el filmado por Parrish, o si este reconstruyó toda la película, o si las partes de Sturges se eliminaron —hablamos de una película de menos de hora y media de duración, aunque en sus imágenes no se deja entrever que se haya quedado material en la sala de montaje—. En cualquier caso hablamos de un western poderoso que sigue la senda iniciada por Henry King con films como ‘El pistolero’ (‘The Gunfighter’, 1950) y que vino a bautizarse como western psicológico. En ‘Más rápido que el viento’ eso puede apreciarse en el atormentado personaje de John Cassavetes, futuro realizador que proporcionaría más de un dolor de cabeza.

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(Spoilers) Resulta curioso que el guionista de la película sea Rod Serling, especialista en relatos de corte fantástico, escritor, creador y productor de la mítica ‘Dimensión desconocida’ (‘The Twilight Zone’), de la que Steven Spielberg, junto con Joe Dante, John Landis y George Miller, realizó su adaptación cinematográfica en 1983, al igual que ‘Night Gallery’. También hizo los libretos de films tan excelentes como ‘El planeta de los simios’ (‘Planet of the Apes’, Franklin J. Schaffner, 1968), ‘Siete días de mayo’ (‘Seven Days in May’, John Frankenheimer, 1964) o ‘Réquiem por un campeón’ (‘Requiem for a Heavyweight’, Ralph Nelson, 1962). Ver un western cuya historia es de Serling es algo llamativo al menos, y muy interesante.

‘Más fuerte que el viento’ narra la historia de dos hermanos, Steve Sincalir (Robert Taylor) y Tony (John Cassavetes), que trabajan como ganaderos. Steve ha sido un pistolero y ahora intenta enmendar su vida, procurando que su hermano, ansioso por disparar con el revólver, no siga sus pasos. Todo se complica cuando este regresa a la granja acompañado de su prometida Joan Blake (Julie London), una cantante que busca lo que muchas mujeres en algún momento de su vida: formar una familia al precio que sea, dividiendo en cierto modo a los dos hermanos por claros y obvios motivos: Tony aún es un crío con ganas de aventura, loco e irresponsable; y Steve es la madurez, la responsabilidad, la cordura y comprensión, aunque también la valentía. Otra vez, dos personajes, casi antagonistas, que representan las dos caras de una misma moneda.

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El film da inicio con una canción titulada igual que la película, ‘Saddle the Wind’, interpretada magníficamente por Julie London, actriz de poderosa presencia y que en ‘Más fuerte que el odio’ puede resultar uno de los puntos flojos del film por lo tópico de su personaje, tal vez incluido únicamente para provocar aún más la separación de los dos hermanos. A continuación, un forastero que llega a un pueblo entra en un bar preguntando por Steve Sinclair, sus intenciones no son buenas, se respira una muy calculada tensión, la misma que habrá cuando el forastero se enfrente a Tony, quien aprovechará un descuido de aquel para matarlo. El destino de Tony está ya marcado a fuego, ha matado a su primer ser humano y le ha gustado.

Frente a la serenidad de Robert Taylor, actor algo infravalorado injustamente, que compone un personaje sólido y sin fisuras, tenemos el histrionismo casi insoportable de John Cassavetes, que empezaba a destacar en este tipo de personajes desquiciados. En un rol secundario el siempre efectivo, y muchas veces grandioso, Donald Crisp, quien comparte un par de secuencias con Taylor llenas de diálogos muy intensos sobre las armas y la ley. Todo ello con la puesta en escena de un Robert Parrish realmente inspirado, utilizando el scope con un sentido dramático ejemplar y uniendo la magnificencia de los paisajes con la naturaleza interna de cada personaje, sobre todo Tony. Atención al esperado duelo final entre los dos hermanos, resuelto de forma inesperada y seca, pero muy duro en el subtexto.

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