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He creído conveniente rescatar en este ciclo sobre el género de géneros ‘Veracruz’ (id, Robert Aldrich, 1954), la primera película estadounidense en la que participó Sara Montiel, recientemente fallecida. Resulta curioso ver en los títulos de crédito iniciales la palabra introducing cuando la actriz llevaba ya diez años interpretando, claro que aparecer en una película al lado de leyendas como Gary Cooper y Burt Lancaster —también productor del film— es jugar en la liga mayor. Con un personaje secundario, pero de vital importancia, eclipsa en belleza a cualquier otra actriz del reparto, aunque Cooper odiaba trabajar con ella declarando aspectos desagradables sobre su aseo personal. Una anécdota al margen de la calidad del film, como la de Clark Gable advirtiendo a Cooper de que Lancaster le eclipsaría.

‘Veracruz’ supone la tercera película de Robert Aldrich y el segundo western que dirigía tras el exitoso y sobrevalorado ‘Apache’ (id, 1954), también con Burt Lancaster. Los resultados en este caso son bastante superiores, una de las películas de Aldrich que mejor resiste el paso del tiempo —algo que no le ocurre a otras, como por ejemplo ‘Alerta: Misiles’ (‘Twilight’s Last Gleaming’, 1977)— y que para el propio director era uno de sus trabajos preferidos. El gran François Truffaut tenía esta película en altar, para él era el modelo perfecto de cómo desarrollar una historia; y son muchos los que coinciden en tratarla como el precursor del spaghetti western, dada la influenia que tuvo en el subgénero que años más tarde popularizó Sergio Leone.

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(From here to the end, Spoilers) Durante la revolución mexicana, Trane (Cooper), un ex confederado metido a aventurero al mejor postor, se topa con Joe Erin (Lancaster), otro aventurero de idéntico carácter, con el que une fuerzas para apoyar al sucesor del emperador Maximiliano (George McReady), el marqués de Labordere (César Romero) en su lucha contra los mexicanos, mientras los revolucionarios, entre los que se encuentra Nina (Sara Montiel) que enseguida se queda prendada de Trane, también tienen sus intenciones con el dúo de estadounidenses y su banda. El conflicto de intereses surgirá cuando todos se enteren de un importante cargamente de oro escondido en un carruaje, destinados para traer más tropas para el emperador. Un caro mcguffin que envuelve a todos los personajes mostrando los distintos lados del ser humano cuando la avaricia hace acto de presencia.

El primer encuentro entre Trane y Erin marca, con un soterrado sentido del humor, lo que será su relación durante el resto del film. Un toma y daca de dos hombres que en otras circunstancias podría haber sido los mejores amigos del mundo, pero en las actuales los intereses personales y la moral chocan cuando el momento de la verdad, el final, llega. Hasta ese instante, el feeling existente entre ambos traspasa la pantalla. Héroe y antihéroe unidos por una causa común, que curiosamente se bifurca considerablemente cuando la mujer entra en escena, dando alas al personaje al que da vida una espléndida Denise Darcel, cuyo ingenio y maldad supera con creces a la de cualquier personaje masculino. El contraste entre los personajes femeninos también es evidente. La condesa es avariciosa y quiere el oro para ella sola, mientras que Nina lo quiere para suministrar poder a la revolución.

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‘Veracruz’ es un western sucio, en el que el polvo y el barro casi pueden palparse, al igual que luego sucedería en el tal sobado eurowestern. Aldrich no escatima en mostrar la violencia de un mundo cruel y sin compasión. Al respecto cabe citar el encuentro de Trane con los secuaces de Erin, quien llega justo a tiempo para evitar una salvajada —por supuesto, protagonizada por Ernest Borgnine, cuya cara de sádico es de las mejores que ha dado el séptimo arte en su existencia—, o el tenso momento en el que Erin se marca un farol amenazando la vida de unos inocentes niños, las injustas víctimas de toda guerra. Atención a la forma de visualizar que tiene Aldrich los instante previos a tan fatídica decisión; todos son rodeados por simpatizantes juaristas que van apareciendo en círculo en lugares altos mientras Aldrich realiza un travelling circular tomando como referencia el punto de vista de Erin.

Como en todo western que se precie, ‘Veracruz’ posee un duelo esperado por el espectador, aquel que enfrenta finalmente a los dos protagonistas, cuando todas las cartas se han puesto sobre la mesa. Tras noventa minutos de tira y afloja, siempre midiendo fuerzas y utilizando la ironía como arma en varias ocasiones, Trane y Erin terminan desenfundando sus revólveres el uno contra el otro en un enfrentamiento antológico y no exento de humor. Ambos disparan a la vez, Erin vuelve a enfudar su revólver con un gesto que ha realizado antes como si fuera el ganador, y acto seguido cae fulminado, mientras en el rostro de Trane se ve toda la pena y decepción por haber matado a alguien que le entendía y apreciaba. Aldrich remata su film con una latente amargura, mientras nos ha hecho disfrutar de lo que casi podríamos considerar como una buddy movie clásica, con interpretaciones portentosas, sobre todo la de Burt Lancaster, que no eclipsa a Cooper pero casi, brabucón, cínico y divertido como en pocas ocasiones.

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