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Con ‘Mystic River’ (id, 2003) Clint Eastwood alcanza la fama crítica y pública del mismo modo, o incluso superior, a lo que había logrado con ‘Sin perdón‘ (‘Unforgiven’, 1992). De repente y tal y como había sucedido tras el último gran western realizado, el cine de Eastwood se puso más de moda que nunca, algo que eclosionaría en un orgasmo de aceptación popular en su siguiente trabajo, de mayor éxito aún. Pero antes de narrar la historia de una mujer que quería ganarse la vida boxeando, el director de ‘Million Dollar Baby’ (id, 2004) atendió una llamada de Martin Scorsese que le requería para dirigir uno de los episodios de una serie documental sobre el blues, en concreto uno dedicado a la evolución del piano en dicho género musical. Eastwood, consumado pianista y amante profundo de la música, no podía negarse.

‘Piano Blues’ fue el sexto y último capítulo de una miniserie por la que desfilaron Martin Scorsese, productor y máximo artífice del evento, Wim Wenders, Richard Pearce, Mike Figgis y Marc Levin. Únicamente me he centrado en el dirigido por Eastwood, y a tenor de lo visto no creo que estemos ante un trabajo inolvidable, no memorable, de un director que ya es prácticamente intocable y que hace lo que le viene en gana. ‘Piano Blues’ es disfrutable desde un punto de vista musical, nunca cinematográfico, y sólo aquellos aficionados al blues y su historia, y a los que los nombres de Dave Brubeck, Ray Charles, Thelonious Monk, Dr. John o Marcia Ball, entre otros, le son enormemente familiares. Dicho de otro modo, el que sea un fan del blues y los citados artistas, disfrutará lo suyo; el que se acerque al documental sin saber ni un ápice de lo que se está hablando, puede verse un poco perdido.

‘Piano Blues’ es un documental realizado con cariño, pero sin ninguna pasión y quizá demasiada frialdad por parte de Eastwood, quien demuestra una falta de interés apabullante. Probablemente sean los años y el camino recorrido durante todo ese tiempo, y la cantidad de música mamada y tocada desde entonces, pero por momentos ‘Piano Blues’ más que un documental se asemeja más a una reunión de viejos amigos que se juntan para hablar de los viejos tiempos, aquellos en los que siempre había un piano, o dos, algún que otro instrumento, mucho humo, alcohol y horas y horas para tocar. El documental recoge declaraciones de lo más diversas sobre la importancia del piano en la historia del blues, mezclando imágenes de archivo con interpretaciones actuales recogidas en las entrevistas con Eastwood.

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En dichas entrevistas el actor/director despliega cierto sentido del humor con los entrevistados, sobre todo con Ray Charles —un año antes de que Jamie Foxx ganara el Oscar por darle vida en el cine—, con quien Eastwood ya había hecho un simpático dueto en la horrorosa ‘La gran pelea’ (‘Any Which Way You Can’, Buddy Van Horn, 1980). Charles abre y cierra el documental y por el medio van desfilando figuras gloriosas del blues, y también del jazz, género al que se asocia el blues —son interesantes algunas de las declaraciones vertidas al respecto, como por ejemplo Jay McShann, para quien sólo existe música rápida o lenta lejos de la tiranía de las etiquetas—, mientras Eastwood se limita a realizar pocas preguntas —ninguna de ellas realmente interesante— y mirar como tocan.

‘Piano Blues’ sigue una línea narrativa muy clara a la par que poco atractiva. Se sigue más o menos cierto orden cronológico de todos los pianistas que destacaron en el género, se tira por lo fácil, y se echa en falta más escenas de interpretaciones al instrumento. Imagino que la duración del documental manda —hablamos de hora y media— y la cosa podría haberse alargado más de lo debido, pero para los fans del género, entre los que me incluyo, habría sido una verdadera delicatessen ver a Brubeck más tiempo al piano, o a Pinetop Perkins, que cuenta en el documental que ya no puede tocar como lo hacía antes debido a una puñalada que le habían dado. Tenemos que conformarnos con breves apariciones y charlas que para poco dan. El problema de arañar sólo la superficie del tema en cuestión.

Es evidente que ‘Piano Blues’ se complementa con el resto de episodios de la serie y conforman un trabajo más completo sobre el blues. En mi opinión y hablando sólo del episodio dedicado al piano, a monstruos como Monk o Count Basie se les saborea poco, probablemente porque ya no había oportunidad de charlar en persona con ellos —Monk falleció en 1982 y Basie dos años más tarde—; mientras Eastwood se relega a un segundo plano, intentando que su presencia no eclipse a verdaderas leyendas vivas, pero no tan conocidas. Eso sí, no faltan alusiones a su propio cine, pues pueden verse algunos fragmentos de sus impresionantes ‘El aventurero de medianoche’ (‘Honkytonk Man’, 1982) y ‘Bird’ (id, 1988), films en los que el amor de Eastwood a la música queda bastante patente.

Tras este paréntesis puramente musical, el mítico actor volvería a ponerse delante de una cámara. Y haría historia.

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