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Iron man 2 cartel

Con las intenciones iniciales de Jon Favreau de rodar una trilogía sobre el personaje —saga en la que Obadiah Stane, el personaje interpretado por Jeff Bridges en la primera parte, se convertiría en Iron Monger en las sucesivas secuelas—, la taquilla de cerca de 100 millones de dólares que ‘Iron man‘ (id, Jon Favreau, 2008) hizo en su primer fin de semana de exhibición en Estados Unidos —llegando a acumular un total de 585 millones a nivel global a lo largo de toda su estancia en los cines—, y la firme voluntad de La Casa de las Ideas de que la primera parte no fuera más que el punto de partida del “Universo Cinemático Marvel”; a nadie sorprendía el pronton anuncio por parte de la productora de una secuela que, tras varios meses de dimes y diretes, volvería a dirigir Favreau.

La duda inicial por parte de los muchísimos fans con que ya contaba el personaje antes del filme, y la legión que se subió al carro después, era obvia: ¿podríamos ver ya al Mandarín en la gran pantalla?. La respuesta a estas preguntas encontraban un primer amago de contestación en unas tempranas declaraciones tempranas del realizador que, tras haberse reunido con varios guionistas de cómic —entre los que se encontraba el gran Mark Millar, responsable de ‘Kick-ass: listo para machacar‘ (id, Matthew Vaugh, 2010)—, afirmaba que:

Veo al Mandarín de la misma manera que en Star wars tienes al Emperador pero es a Darth Vader al villano que quieres ver luchar. A partir de ahí comienzas a trabajar para el momento en que tengas al primero echando rayos por los dedos. Pero no puedes hacer que lo que pasa en ‘El retorno del Jedi’ ocurra en ‘Una nueva esperanza’. No puedes hacerlo.

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Lamentablemente, lo que esta declaración terminaría significando para ‘Iron man 2‘ (id, Jon Favreau, 2010) era que la cinta, con un irregular guión firmado por un Justin Theroux que se subió a bordo gracias a la recomendación de Robert Downey Jr. —que había trabajado con él en la, a ratos hilarante, a ratos olvidable ‘Tropic thunder. ¡una guerra muy perra!‘ (‘Tropic thunder’, Ben Stiller, 2008)—, nos iba a ofrecer no a uno, sino a dos villanos, uno de los cuales terminaría acusando el que podríamos denominar “Síndrome Darth Maul.

Encarnado por Mickey Rourke —con las mismas “pintas” que lucía en ‘Los mercenarios‘ (‘The expendables’, Sylvester Stallone, 2010), rodaje que casi simultaneó con el de esta segunda entrega—, el personaje de Ivan Banko es, sin lugar a dudas, la sima más baja de cuantas alcanza ‘Iron man 2’: en contraposición a la elegancia que distinguía a Obadiah en la primera entrega, este nuevo enemigo de Tony Stark no es más que un paleto hipertatuado y con mondadientes en la boca que, ¡oh casualidad!, resulta tener un título en Física que lo sitúa al mismo nivel intelectual que aquél del que quiere vengarse. Claro, y yo voy y me lo creo.

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Mecla de dos personajes de cómic, el diseño de Whiplash queda desaprovechado sobremanera de la misma —o incluso peor— manera que el personaje interpretado por Ray Park en ‘Star wars. La amenaza fantasma‘ (‘Star wars. The phantom menace’, George Lucas, 1999), y las dos intervenciones de Rourke, látigos en manos son, bien rídicula e insertada con calzador —léase la secuencia de Mónaco, que no sirve para absolutamente nada en términos narrativos— bien tan corta —el enfrentamiento final— que uno no puede dejar de pensar qué pásaba por la cabeza de los productores para no obligar al guionista a exprimir más el potencial del personaje.

Complemento de lo paupérrimo de la definición de Banko, es la adición del otro villano que Threroux adjunta al guión, el industrial Justin Hammer: mientras que Whiplash se enfrenta a Stark en el plano físico —arremetiendo contra Iron Man—, Hammer lo hace en el terreno económico, aprovechando la puerta abierta por el genio de Tony cuando éste decide abandonar su carrera armamentística. El problema es que la interpretación de Sam Rockwell intenta hacerse eco del natural carisma que tiene la de Downey Jr., resultando Hammer una mera caricatura de Tony Stark sin gracia ni presencia.

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Añadiendo trabas a las complicaciones que ya se busca la cinta con sus dos villanos nos encontramos un menor protagonismo de Tony en el devenir de la trama, adquiriendo el relato demasiadas deudas para con sus muchos personajes —no sólo los villanos, sino también ese bello florero que es Scarlett Johansson o el James Rhodes que interpreta ahora Don Cheadle— y haciendo que la acción orbite menos alrededor de su figura central, algo que termina pesando en la percepción global que se tiene de un filme que, inexplicablemente, no parece entender que si su primera parte funcionó fue precisamente por obra y gracia del humor y el ritmo que las intervenciones de Downey Jr. imprimían al conjunto.

A dicha negativa percepción no ayudan, qué duda cabe, ni la inane dirección de Favreau puesta, ahora aún más, al servicio de los maravillosos efectos digitales creados por la ILM, ni la partitura de John Debney, que carece de un tema principal de la fuerza del que sí tenía el de Ramin Djawadi para la primera parte.

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Pero no todo es negativo en ‘Iron man 2’ y de la quema se salvan, cómo no, todas y cada una de las intervenciones de Downey Jr., que sigue disfrutando como pez en el agua con el personaje que nació para encarnar; situándose también en el espectro de los hallazgos positivos de la cinta la subtrama dedicada al progenitor del protagonista y las apariciones estelares —por aquello de que no perdamos de vista que esto forma parte de algo más grande— del Nick Furia interpretado por Samuel L.Jackson.

Quizás en virtud de sus pocos aciertos, la manida frase de “segundas partes nunca fueron buenas” no sea de estricta aplicación a lo que aquí podemos encontrar pero lo que resulta innegable es que, en lo que a traslaciones de cómic se refiere, ‘Iron man 2’ no entra en la misma liga que aquella en la que jugaban secuelas tan superiores a sus predecesoras como fueron ‘El caballero oscuro‘ (‘The dark knight’, Christopher Nolan, 2008) o ‘Spider-man 2‘ (id, Sam Raimi, 2004).

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