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‘El atlas de las nubes’ (‘Cloud Atlas’, 2012) es la nueva megapelícula de los hermanos Wachowski, Andy y Lana, que ha requerido de años de preparación, e incluso la ayuda de un tercer director, Tom Tykwer, para poder terminarla. Basada en la novela de David Mitchell, la idea de la adaptación surgió en el rodaje de ‘V de Vendetta’ (‘V for Vendetta’, James McTeigue, 2005) cuando Natalie Portman le pasó un ejemplar de la novela a Lana, y esta enseguida se interesó por ello. El resultado es probablemente la película más “grande”, en cuanto a ambiciones, de los dos famosos hermanos, que tras la trilogía de Matrix parecen no encontrar el apoyo del público. Llama la atención no obstante, que a pesar del fracaso taquillero del film, este tenga una nota envidiable en páginas como la IMDb, donde a la mayoría parece fascinarle este “peliculón”, que habla de conexiones una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.

Los Wachowski no me parecen malos directores ni de lejos. Antes de sorprender a todos con su magnífica ‘Matrix’ (‘The Matrix’, 1999), debieron pasar la prueba ante los productores con ‘Lazos ardientes’ (‘Bound’, 1996), un muy interesante Film Noir subidito de temperatura con alguna escena para el recuerdo —sí, todos pensamos en la misma—. Después vivieron de rentas con las secuelas de su gran éxito, donde demostraron que no tenían pensado una trilogía, sino en explotar la gallina de los huevos de oro. Con todo, soy un defensor de la segunda y un detractor de la risible conclusión. Siguieron sorprendiendo —que cada uno interprete este verbo como algo positivo o negativo dependiendo de sus impresiones— con la extraña ‘Speed Racer’ (id, 2008). Todas, incluida ‘El atlas de las nubes’ tiene un elemento temático en común.

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(From here to the end, Spoilers) ‘El atlas de las nubes’ se desarrolla en seis épocas distintas. Los años 1849, 2144, 2321 —los dirigidos por Andy y Lana Wachowski—, 1936, 1973 y 2012 —los dirigidos por Tom Tykwer, que en un principio iba a ser el director de todo el evento— en los cuales, y al igual que en los anteriores largometrajes de los Wachowski, encontramos personajes que, de una forma u otra, se rebelan contra el sistema establecido y destacan por algún “don”. También, ese caprichoso sentimiento que parece tener vida propia, el amor, anda a sus anchas por esta mastodóntica producción. Seis historias entrelazadas sin criterio ni orden, pero guardando cierta relación, con pasajes más o menos inspirados, pero ninguna emocionante o interesante de verdad. Lo que narra ‘El atlas de las nubes’ lo hemos visto miles de veces, pero esta vez el envoltorio es de esos que ciegan debido al derroche visual.

Porque la estructura narrativa, heredada del libro, no funciona en el film, con esa casi molesta tendencia de sus artífices a estar subrayando en todo momento que están contando la historia más grande jamás contada, por encima de cualquier credo, religión, ideología o pensamiento. No se aprecia ninguna diferencia de puesta en escena entre lo dirigido por los Wachowski y lo dirigido por Tykwer, a pesar de que para mí, el director de ‘Corre Lola, corre’ (‘Lola Rent’, 1998), dirige el fragmento que encuentro más interesante, el de un joven músico que compone una obra titulada ‘El atlas de las nubes’, de pretendida vital importancia en pasajes posteriores. A los Wachowski podemos “intuirles” en las escenas de acción del futuro, y aislados momentos del fragmento del 2321 —las escenas de violencia— tienen cierta intensidad. Pero lo que podría haber sido un rompecabezas de múltiples interpretaciones se queda en una simpleza alarmante, tanto en forma como en contenido.

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El reparto de la película, espectacular, aunque es un extraño casting, todo hay que decirlo, se lo debió pasar en grande durante el rodaje, puesto que muchos realizan varios papeles en las distintas épocas, cambiando incluso de sexo. Eso debería haber provocado que se hubiesen lucido en el maquillaje, pero no ha sido así, y si no, fijémonos en todas y cada una de las caracterizaciones de Susan Sarandon; ridículo es poco. Pero también es el único defecto achacable desde un punto de vista técnico, pues los Wachowski y Tykwer han tenido todos los medios a su alcance; la pena es que de nada les ha valido, pues la historia, ninguna de ellas, tiene la suficiente garra, y alguna en concreto está centrada alrededor de un homenaje a un clásico de la ciencia ficción, ‘Cuando el destino nos alcance’ (‘Soylent Green’, Richard Flesicher, 1973), que para sorpresa nos es desvelado en otro de los tramos, cuando Jim Broadbent grita el título de la película a un grupo de ancianos. En cualquier caso, el futuro expuesto en el film de Fleischer es mucho más aterrador que el expuesto aquí.

‘El atlas de las nubes’ no es tan compleja como aparenta y su línea narrativa es mucho más simple de lo que se pueda pretender por mucho que se entremezclen las historias, e incluso haya coincidencia de épocas en el mismo plano. A ese respecto cabe señalar que el material está muy desaprovechado, prácticamente a todos los niveles, siendo para un servidor el más triste lo mal dibujados que están muchos de los personajes y lo desganados que parecen muchos de los actores, destacando únicamente Ben Wishaw en el rol de un muy particular músico, pero ni siquiera ese tramo llega a “llenar”, por así decirlo, las expectativas del espectador. El resto, igual de plano y poco inspirado, se debate entre el espectáculo puro y duro, y también vacío, y una especie de grito de rebeldía por parte de los Wachowski hacia un mundo que parece no entenderlos. Me quedo —además de sus primeros cinco minutos— con el instante en el que Tom Hanks, en una de sus múltiples caracterizaciones, se toma la revancha con un crítico de arte. Un instante poderoso, con fuerza y lleno de rabia. La que le falta al resto del film.

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