'Sin Control', Clive Owen seducido por Jennifer Aniston

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La figura de mujer fatal, que fascina y usa a los hombres para su propio provecho, ha dado lugar a grandes obras maestras del cine negro. Ya me referí en otra ocasión a títulos como ‘Perdición’ o ‘Retorno al Pasado’, que sirvieron de muestra a películas posteriores. Algunas de ellas, estupendas, como ‘Fuego en el Cuerpo’; otras, se quedan a medio camino, como ‘La Última Seducción’; y por útlimo, las que no les llegan a la suela de los zapatos a esos míticos títulos, y además son malas películas. ‘Sin Control’ pertenece a este último grupo, aunque en ningún momento pretende ser una gran película, y tampoco una imitación de aquellos inolvidables clásicos. Lo que sí es cierto, es que las influencias son evidentes.

Charles es un hombre casado, y con una hija, que un día conoce a otra mujer en el tren que coge para ir a trabajar (INCISO: ¿Por qué cuando en una película un hombre casado conoce a otra mujer en un tren o en una estación, es imposible no acordarse de ‘Breve Encuentro’?), con la que comienza una relación. Un día son atacados violentamente por un ladrón que comenzará a hacerles chantaje, pidiéndoles sumas importantes de dinero.

Tan tópico argumento se desarrolla por caminos todavía más tópicos, y concluye más tópicamente todavía. Porque si esta película tiene un enorme fallo, es el de resultar patéticamente previsible, al abusar de la maldita manía, de un tiempo a esta parte, en los thrillers norteamericanos, de querer rizar el rizo, y llenar su parte final de un montón de giros argumentales. Giros que resultan enormemente forzados, y no hay quien se los crea, por culpa de un mal guión. Y porque su director, Mikael Hafstrom, simplemente no sabe contar una historia, que se supone tiene que atrapar al espectador, cosa que no ocurre. Porque ya desde el principio desconfiamos de todo lo que está pasando. Lo que pensamos que va a suceder, sucede, y encima está mal expuesto.

Coger, hoy en día, al espectador por sorpresa, es tarea difícil, ya que todas las historias ya están contadas. Pero si las cosas nos las cuentan bien, de forma atractiva, entonces no hay queja. Aquí no han tenido en cuenta eso para nada.

La película sólo tiene dos cosas buenas: una trampa inicial, que curiosamente está bien explicada; y la interpretación de Vincent Cassel, que hace de malo de la película, y lo hace bien. Se ha dado cuenta de que la historia no hay por donde cogerla, y ha optado por divertirse con un simpático papel, aunque tampoco voy a decir que realice una gran interpretación, y eso es por culpa de un personaje mal tratado.

Como mal tratados están los dos principales, y algunos aspectos del guión que tienen que ver con ellos, tampoco están lo suficientemente claros, como la relación del personaje de Clive Owen con su esposa. Por otro lado, el actor anda un poco perdido en un papel que no parece hecho para él. A parte de que soy de los que piensan que sus dotes interpretativas no son, ni mucho menos, las que muchos alaban. A Jennifer Aniston se le agradece que haya intentado cambiar de registro, pero le ha salido el tiro por la culata. Primero, por lo desastroso de la función en la que se ha metido; y segundo, porque el papel le queda, indudablemente, grande. Aniston no posee la capacidad suficiente para convencer como mujer fría y calculadora. En este caso, no engaña ni al espectador, que no termina de verla en su personaje.

Una mala película, que además incumple el primer mandamiento en esto del Cine: No Aburrirás.

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