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Hace años, un viejo amigo me contó un húmedo sueño suyo que, según dijo, podía servir de punto de partida para una película:

Estaba yo dándome unas revolcadas con (la actriz venezolana) Ruddy Rodríguez. Estaba Ruddy Rodríguez casi desnuda, apenas llevaba puesta una bata de una tela muy delgada y traslúcida, que me permitía palpar la dureza de sus músculos y la suavidad de su piel. Nos besábamos apasionadamente y lentamente hundí mi mano en su entrepierna. No llevaba pantaletas —el término venezolano para ‘bragas’—. Apenas logré palpar su humedad cuando, súbitamente, de su vagina emergió una especie de hocico canino, metálico, dentado, que me mordió la mano.

Mi amigo despertó aterrado y no era para menos. Se había topado por el viejo mito de la Vagina Dentata.

Afortunadamente, fue la mano lo que me mordió. ¿Qué te parece? ¿No es como para hacer una película?

Le dije que más que para una película, aquel era un buen punto de partida para un psicoanálisis: el suyo.

Si traigo a colación todo lo anterior es porque la película que mejores comentarios ha generado durante el primer fin de semana del Festival de Sundance es Teeth, de Mitchell Lichtenstein (sí, es su hijo, el hijo de Roy). Y, bueno, ¿a que ya pueden adivinar su trama? Exacto. De eso se trata: Dawn (Jess Weixler) es una linda adolescente, cristiana, ingenua, virgen y dispuesta a mantenerse así hasta su matrimonio, que un buen día descubre que tiene dientes en su vagina. —Suponemos que a continuación descubrirá lo que puede hacer con ellos.

Lo curioso es que este argumento suena a película cutre, a cortometraje chaborro; pero al parecer ‘Teeth’ no lo es. Al menos así lo aseguran las reseñas publicadas en IndieWire, Cinematical y Table of Malcontents de Wired, cuyos autores lo describen como uno de los más entretenidos e inteligentes filmes en lo que va de festival.

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