Anthony Hopkins

Lo tengo en mi olimpo de los villanos. Un psicópata sin escrúpulos pero educado, brutal pero culto, caníbal pero inteligente. Quizás estas sean algunas de las principales características de uno de los mejores personajes que el cine nos ha dejado. Un malvado que causó pánico, terror pero también fascinación, e incluso admiración.

Hablamos de 1991 y ‘El silencio de los corderos’. Un Anthony Hopkins inconmensurable que se puso en la piel del doctor Lecter, un personaje que creó el novelista Thomas Harris, y que perdurará inolvidable gracias al trabajo del actor británico.

El acierto de este thriller fue retratar a un villano de una forma cruda, dándole más protagonismo y atrapando al espectador con su fascinante personalidad, gracias a una acertada realización y al trabajo soberbio de Hopkins. Un personaje confinado en una celda de máxima seguridad pero que se las ingenia para generar verdaderas pesadillas sin apenas pestañear o moverse. Capaz de introducirse en el alma de Clarice, la agente del FBI interpretada por Jodie Foster, y removerle su conciencia.

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