Hugo Silva

Supongo que como todos, a menudo voy a ver una película que, de antemano, sé que no me va a gustar (cosa diferente a ir a verla con la intención de insultarla luego, conste, eso me parece un comportamiento idiota). Las razones para, aun sabiéndolo, sentarme a ver la cosa en cuestión son variadas, pero normalmente se resumen en que estoy acompañado de alguien que sí tiene interés en la película, y/o pienso que así podré escribir una crítica que os quizá interese a vosotros, queridos lectores de Blogdecine.

En este caso, quedaos con la segunda. Si he visto ‘Agallas’ ha sido fundamentalmente porque sabía que ninguno de mis compañeros iba a pasar por el aro, y supuse que habría muchos lectores que estarían interesados en leer aquí una crítica de la película, para animarse/desanimarse, o simplemente para charlar sobre ella en los comentarios. Bueno, pronto descubriré si estaba en lo cierto, o no y he perdido el tiempo, pudiendo haber ido a ver cualquier otra cosa (en el DVD de mi casa, porque vamos, la cartelera da pena, y ya he visto dos veces el fantástico debut de Neill Blomkamp).

‘Agallas’ nos presenta a Sebastián, o mejor Sebas, un delincuente de poca monta, un don nadie, que sale de la cárcel tras un año entre rejas y se encuentra con que sus viejas artimañas ya no le sirven de nada, recibiendo puñetazos y un billete de ida en el primer autobús que deja la ciudad. Con la cara partida y ni un euro en los bolsillos, Sebas debe salir adelante y cree que su salida está en “Isolina, Productos del Mar”, una pequeña empresa gallega dirigida por un tal Regueira, que vive en una mansión, conduce un descapotable y tiene a su lado a quien le da la gana.

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