Jack Nicholson

Recordar a Jack Nicholson es recordar a uno de los grandes. Un actor inmenso, con una larga y prolífica carrera a sus espaldas, que le ha deparado numerosos y prestigiosos premios, así como el reconocimiento de todos los estamentos que forman parte del séptimo arte. Su mirada socarrona y su sonrisa diabólica pertenecen a un actor de leyenda, que ha dejado capítulos esenciales en la historia del cine y que a lo largo de su vida se ha forjado esa imagen de vividor que no esconde.

Sin ir más lejos, el año pasado, para celebrar su setenta cumpleaños montó una espectacular fiesta en su mansión, con seiscientos invitados y con setenta guapas camareras que no dejaron de servir a copas a los asistentes. Hoy, que cumple setenta y uno, seguro que también lo va a celebrar como merece la ocasión, aunque quizás no trascienda tanto. Hoy es buen momento para recordar una de las figuras esenciales de mi mitomanía cinéfila particular.

Su nombre es el de una de las estrellas más grandes que ha deparado el celuloide. Y es que tener a sus espaldas cincuenta años de carrera cinematográfica no está al alcance de muchos. Y menos, cuando algunos de sus papeles quedarán marcados a fuego en la memoria de muchos espectadores. ¿Cómo olvidar el rostro diabólico y enajenado asomando a través de una puerta astillada que ha abierto a hachazos en ‘El resplandor’, o moviédose como pez en el agua entre los internos de una institución psiquiátrica en ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’?.

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