Tom Vaughan dirige a Brendan Fraser, Harrison Ford y Keri Russell en ‘Medidas extraordinarias’ (‘Extraordinary Measures’), una historia inspirada en hechos reales y en el artículo y el libro que surgieron posteriormente de ellos. Un matrimonio con hijos aquejados del síndrome de Pompe dedicará sus vidas a buscar un remedio contra esta enfermedad.
Creeríamos hallarnos ante un calco de ‘El aceite de la vida’ (‘Lorenzo’s Oil’, 1992), pero el desarrollo diverge cuando las dificultades que encuentran los padres para lograr el medicamento que salve a sus hijos son la falta de fondos para la investigación. El padre abandona su empleo y funda una empresa farmacéutica junto con un científico, con el fin de obtener inversiones privadas que permitan llegar a la extracción de una enzima absorbible por las células de los enfermos. Así, podría haberse tratado de un film sobre emprendedores empresarios y sobre los obstáculos que les sobrevendrían en cualquier sector industrial, con el añadido que supone una motivación tan cercana y personal.
En este sentido, cabría una cinta al estilo Michael Moore, que criticase la necesidad de financiación privada para la investigación sobre fármacos imprescindibles para la supervivencia de algunos pacientes. Es necesario convencer a los inversores de que se podrá sacar mucho beneficio con la venta del medicamento a los enfermos para que dediquen capital a la investigación. La vida sólo vale algo si vale dinero. Visto desde Europa, nos suena aterrador. No obstante, no es por ahí por donde va la película, que parece conforme y hasta contenta con esa forma de funcionar. Ni se plantea la implicación de la sanidad pública en esta financiación.
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