Ricardo Darín

Empiezo a detestar la expresión Obra Maestra. Se usa con demasiada complacencia y, a menudo, con insuficiente modestia o quizá exceso de coraje. También debería ser empleada con algo más de conocimiento. El término alude a películas en las que la diferencia entre lo buscado y lo encontrado es inexistente. Y no sólo a eso, también a dramas que convocan una tensión psíquica y emocional extrema en el espectador, a la vez que extraen de él lo mejor y lo peor de su interior. Nada más y nada menos. Una de las películas de este año que merece tal calificativo es, a mi juicio, y sin ninguna duda, la cuarta realización de Juan José Campanella.

Decía el director que gana mucho más dinero con un solo episodio de la inigualable serie de televisión ‘House M.D.’, para la que ya ha dirigido tres episodios, que con cualquiera de sus películas. Puede que sea cierto. Pero aunque su gran tríptico televisivo es digno de elogio, en la memoria de los cinéfilos de todo el mundo va a quedarse, y para siempre, ‘El secreto de sus ojos’, un melodrama impredecible, conmocionador y apasionante, muy intrincado, pero resuelto con sencillez y precisión admirables. ¿La película del año?

Tuve la oportunidad de ver esta noble película hace pocos días, durante el último Festival Internacional de San Sebastián. Yo estaba allí, y puedo atestiguar que, justo antes de los títulos de crédito, ya comenzó una atronadora ovación que es, o eso se decía, una de las más inolvidables que ha conocido una película en ese certamen. Y he de reconocer que, dada la respuesta colectiva unánime ante ese visionado, tenía mis dudas de que fuera, en verdad, tan magnífica. Pero la he vuelto a ver y es cierto. No sólo es magnífica, además, es bellísima.

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