Dice Isabel Coixet, aunque sea obvio por el título, que en su nuevo trabajo cinematográfico el sonido es fundamental, casi un protagonista más, que lleva al espectador a Tokio, que acompaña la trama y los personajes que la protagonizan, y que está orgullosa del premio que este apartado logró en Cannes, donde dice que aplaudieron mucho su película, donde fue un éxito, a pesar de lo que señalaron los medios españoles (¿una persecución?, parece improbable).
Pero, ¿qué ocurre si ese sonido, tan planificado y cuidado, abraza una trama hueca y previsible, protagonizada por unos personajes toscos e inverosímiles? Ocurre que el sonido se queda solo, tratando de dar coherencia a un conjunto desalmado, vacío, incapaz de transmitir lo que se propone. ‘Mapa de los sonidos de Tokio’ es una película de llamativo envoltorio sin nada dentro, sin drama ni emoción. Alguien debería decirle a esta realizadora, y de forma que ella lo entendiera de verdad, que no es Wong Kar-Wai, y que se limite a ver y disfrutar sus películas, porque se le da fatal imitarle.
Porque hay, se nota, en ‘Mapa de los sonidos de Tokio’ un esfuerzo por parte de Coixet de adoptar el estilo visual, pero también, y sobre todo, el tipo de relaciones, frustrantes, imposibles, que caracterizan los los trabajos del cineasta chino, responsable de joyas como ‘Chungking Express’ o ‘Deseando amar’. El primer propósito lo resuelve la directora con eficacia, siendo en realidad algo más sencillo, pero fracasa estrepitosamente con lo segundo, convirtiendo su supuesto drama perturbador de personajes complejos en un vergonzoso anuncio publicitario de dos horas. Aún no sé qué trata de vender, pero sí que Coixet ve lo que hace Wong y no se entera, copia lo superficial y se deja lo importante.
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