Marilyn Monroe

“No quiero hacer dinero. Yo sólo quiero ser maravillosa.”

En la crónica negra de Hollywood existen muchos casos que el paso de los años ha transformado en leyendas, pero probablemente ninguno de ellos sea más escabroso, extraño y trágico que el de Norma Jeane Mortenson, que el mundo entero conoció, y conoce, con el nombre de Marilyn Monroe, y que el 5 de agosto de 1962 no se sabe muy bien si se suicidó o la suicidaron. Al parecer, tenía no pocas razones para llevar a cabo lo primero, y sin lugar a dudas hay numerosos motivos para pensar que lo segundo es muy posible, con lo que, entre razones para suicidarse y motivos para que la suicidaran, parecía imposible que ésta, al mismo tiempo oscura y luminosa, mujer pudiera vivir más allá de los treinta y seis años, como finalmente ocurrió. Pero Marilyn existió al menos, y su vida derrochó una luz mucho más intensa de la que sus contemporáneos adivinaron.

Esta aparente “rubia tontita”, este “ángel descarriado”, era una portentosa actriz de comedia, y parece dudoso que nadie pueda arrebatarle ya la condición de “sex-symbol” supremo en la historia del cine. Pero, aunque tenía mucho de descarriado, no tenía nada de tontita. El próximo miércoles sale en España a la venta un volumen con poemas suyos completamente inéditos que vienen a demostrar, de nuevo y quizá definitivamente, que esta asombrosa mujer era mucho más de lo que la permitieron ser, que poseía una sensibilidad, una dura fragilidad y un impulso creador que trascendían, con mucho, su imagen pública. Cuando conocí que estos poemas salían a la luz, procuré leerlos en inglés (por canales poco ortodoxos, por decirlo suavemente, porque pensaba que no verían la luz en España): pocas veces he podido acceder al alma de una persona a través de sus versos y palabras como lo he hecho con el volumen ‘Fragmentos’.

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