Melanie Laurent

Cuando, en cierta secuencia, al término de ‘Death Proof’, sentimos compasión por un asesino despiadado como Stuntman Mike, interpretado con gran oficio por Kurt Russell, nos sentimos también miserables por experimentar ese sentimiento, mientras asistimos a la implacable venganza de la que es objeto, y por cierto que merecida venganza. Algo similar ocurría en la que posiblemente sea la obra magna del director de Tennessee, Kill Bill, pues en la venganza de La Novia sus enemigos llegaban a adquirir cierta dignidad a la hora de morir.

Ahora, con este ‘Inglourious Basterds’ (no voy a escribir la estúpida traducción española), Tarantino nos entrega, como suele hacer, una fuerte dosis de sí mismo, en su extraño y feroz, brillante y desequilibrado, homenaje y reescritura de las constantes del cine de aventuras y espionaje con el trasfondo de la Segunda Guerra Mundial, y lo hace arrebatándoles la humanidad a la mayoría de los aliados y dándosela algunos nazis, elaborando una fascinante galería de rostros y caracteres, para un violento zarpazo de ingenioso y arrollador cine de autor.

Los personajes, y sus actores, son el motivo de esta película

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