Hace poco, cuando hablé de la infumable ‘En la boda de mi hermana’, quizá a alguno le diera la impresión de que si oigo las palabras comedia romántica, o incluso que si me cuentan una historia de amor convencional en una película, ya salgo echando pestes, todo digno. Nada más lejos. El cine también está, creo, para idealizar un poco las cosas, para mostrarnos sentimientos que, aunque en la vida real no sean más que clichés, los sentimos como verdaderos y hasta emocionantes en una pantalla. No es una mentira, es una sublimación de nuestras tristes vidas.
Pero en el caso de una de las mejores comedias románticas (aunque en realidad no pertence a ese subgénero) de los últimos años, la magnífica ‘Quiero ser como Beckham’, hay mucho más que una sublimación. Inmersos como estamos en otra copa mundial de fútbol (si la de Alemania ya fue una porquería, la de Sudáfrica está resultando todavia más aburrida, creo que en eso estaremos todos de acuerdo) muchos pensarán que soy un oportunista trayendo esta a colación. Pues no, lo siento. Porque ‘Quiero ser como Beckham’ (qué pena me da que el marido de la Victoria no haya ido al mundial, una pena bárbara…ejem) no va sobre fútbol en absoluto. Es, simplemente, una extraordinaria historia sobre una mujer excepcional. Así de sencillo.
Y esa extraordinaria mujer, cuyo nombre es Jesminder Kaur Bhamra (aunque luego todos la llaman Jess), está interpretada por una de las mujeres más increíblemente guapas de la historia del cine, Parminder Nagra. Una de esas chicas, de esas actrices, que hacen al mundo algo más habitable. La belleza, la sinceridad, la emoción, la verdad que esta intérprete fabulosa otorga a su personaje, a la historia, a la pantalla entera es de un calibre que no hay palabras para hacerle justicia. No sólo sentimos su viaje, su drama, como algo nuestro, sino que la conexión psicológica con prácticamente cualquier espectador del planeta Tierra convierte su éxito en algo lógico y necesario.
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