Hace poco, hablando de una de las obras maestras de la década de los 90, ‘Un mundo perfecto’ (‘A Perfect World’, Clint Eastwood, 1993), hablaba con un lector sobre los perdedores del cine de John Huston, Eastwood y Sam Peckinpah, entre otros. Por eso resulta idónea la casualidad de rescatar una película como ‘El hombre que pudo reinar’ (‘The Man Who Would Be King’, John Huston, 1975) en esta recuperada sección de Críticas a la carta. En ella el término perdedor alcanza el significado cinematográfico por antonomasia, sobre todo en el cine de su autor, que tras una filmografía ejemplar, con sólo muy pocos tropiezos, encontró el punto más alto de la misma en este trabajo. A partir de ahí, el cine de Huston se debilitó para sorpresa de propios y extraños, recuperándose milagrosamente en su obra póstuma, la magistral ‘Dublineses’ (‘The Dead’, 1987).
Con ‘El hombre que pudo reinar’, Huston sumaba en su filmografía el adaptar al gran Rudyard Kipling, tras adaptar a escritores de la talla de Dashiell Hammet, Tennesse Williams o Herman Melville. Adaptaciones de las que salió airoso gracias a su envidiable capacidad de saber trasladar a la pantalla el espíritu de la obra, alcanzando con el escritor de origen indio la cota más alta de su cine, al menos para quien esto suscribe. Pocas veces en la historia del cine el género de aventuras ha estado tan bien tratado. En una década en la que los apellidos Lucas y Spielberg se alzarían como los máximos responsables de los cambios que sufriría el séptimo arte a partir de entonces, Huston se mantuvo fiel a una mirada más clásica, menos artificiosa, el gran mal de la mayoría de las superproducciones actuales.
John Huston leía a Kipling desde hacía tiempo, y siempre quiso llevar a la pantalla el relato ‘El hombre que sería rey’. Allá por finales de los años 40, la intención del realizador era llevarla a cabo con Humphrey Bogart y Clark Gable dando vida a la pareja protagonista. Una gran elección, sin duda. En la década siguiente, Huston intentó hacerlo con Kirk Douglas y Burt Lancaster, otros dos actores idóneos para los personajes. Y más tarde, Robert Redford y Paul Newman fueron los elegidos del director para protagonizar el film, pero tampoco pudo ser. Fue precisamente Newman quien sugirió los nombres de Sean Connery y Michael Caine, y a pesar de que las parejas nombradas habrían estado impresionantes en los roles —cosa que en realidad nunca sabremos, sólo podemos especular—, no hay duda de que Connery y Caine se hicieron con los papeles de sus vidas. Tanto es así, que cuando a alguno de los dos se le pregunta por la película favorita de sus respectivas filmografías, ambos coinciden al citar ‘El hombre que pudor reinar’.
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