La infancia de Iván

‘La infancia de Iván’ es la ópera prima de Andrei Tarkovsky, un proyecto que empezó a rodar Eduard Abalov, pero la cosa no iba bien, le despidieron y decidieron llamar a un director de 30 años que había hecho unos cortos, empezando el rodaje otra vez desde el principio. Para cualquiera que conozca la filmografía del famoso director ruso, sabrá que su primer film se aparta ligeramente de todo lo que vino después, tanto en forma como en contenido. Digamos que se trataba de una especie de preámbulo, por así llamarlo, a todos los temas que Tarkovsky trató en sus films posteriores, los cuales al igual que el nos ocupa obtuvieron una resonada fama (mención aparte merece ‘Nostalghia’, su penúltimo film, que en España ni se estrenó en salas ni está editada en dvd, aunque sí se pasó por televisión años ha).

‘La infancia de Iván’ retrata en parte el dramático hecho acontecido durante la Segunda Guerra Mundial cuando los nazis invadieron Rusia. Muchos niños quedaron huérfanos y ante la sorpresa de todos, un buen número ayudó a las tropas rusas en sus luchas contra los alemanes, en trabajos tan dispares como enfermería, abastecer de municiones a los soldados, o incluso de espías. El Iván del título es uno de esos niños, rescatado por las tropas soviéticas a orillas de un río a finales de la Guerra. En un principio, los militares que le han cogido cariño al niño, desean que éste reciba una educación, pero el pequeño se resiste, insistiendo en ayudar a sus compatriotas.

‘La infancia de Iván’ es la película mas narrativamente clásica de Tarkovsky, si por esto entendemos el típico planteamiento, nudo y desenlace. Esto hace que sea la película de su director más accesible para el público en general. Curiosamente, para un servidor, todo lo bueno de la película se centra precisamente en su planteamiento y en su desenlace, ambos centrados en la figura de Iván, el único y verdadero protagonista de la historia. Ambas partes, en las que la interpretación del joven Kolya Burlyayev apoya de forma única lo que vemos, nos habla sobre la vida de este peculiar personaje durante y antes de la contienda. Para ello, el director utiliza cuatro flashbacks de lo más significativo en los que narra lo que debía ser la vida de un niño normal y corriente sin el horror de la guerra cerca. Puede que hoy día, la metáfora que se utiliza en uno de ellos, la del pozo, parezca un poco desfasada, pero es efectiva, y secuencias como la del protagonista corriendo por la playa, una especie de clímax onírico, justifican por sí solas el visionado de la película.

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  • dijo:

    Increible Opera Prima de este poeta cinematográfico.