Iniciamos hoy un ciclo dedicado al vampirismo en el cine. En él repasaremos las más importantes obras —y alguna más no tan importante— de un tipo de films que, enmarcados en el género de terror, han hecho las delicias de millones de aficionados a lo largo de las décadas. Procuraremos seguir un orden cronológico, y los títulos elegidos evidentemente quedan a juicio de un servidor. Empezamos con una cita obligada para todo cinéfilo que se precie, una cinta que está considerada como una de las cumbres del género, y dentro del cine vampírico, como la más alta cota jamás alcanzada. No sólo eso, ‘Nosferatu’ (‘Nosferatu, eine Symphonie des Grauens’, F.W. Murnau, 1922) es una de las películas más influyentes de todas cuantas se han realizado.
La sombra de su poder se extiende hasta nuestros días, no sólo a la hora de representar la figura del vampiro, sino también en la creación de una atmósfera en donde lo real y lo irreal se dan la mano en perfecta comunión. F.W. Murnau, cuya repentina y curiosísima muerte, fue uno de los grandes pioneros del cine, alguien sin el cual no podría entenderse absolutamente nada del séptimo arte. El gran François Truffaut —nota mental: hacer un especial sobre él— emitió una terrible sentencia en su día, y es que según él, los cineastas deberían aceptar la idea de ser juzgados,en un futuro, por críticos que desconociesen la obra de Murnau. Me temo que falta muy poco para que Truffaut tenga toda la razón del mundo.
Lo cierto es que en estos tiempos de consumo rápido, de efímeras sensaciones, no es que el cine posea la incapacidad de hacernos disfrutar, y tómese este verbo como cada uno tenga a bien para sus propios intereses, sino más bien, éste es juzgado por una nueva retahíla de cinéfilos a los que les falta perspectiva. Criticar a David Fincher o Richard Kelly, por poner sólo estos dos ejemplos, sin poseer conocimientos sobre la obra de Murnau, un claro referente de miles de cineastas, es de una osadía increíble —ésa que caracteriza la ignorancia—. Menos mal que eso sólo se ve en el putrefacto mundo de Internet, y no dentro de la crítica profesional tradicional, aunque lamentablemente ésta tienda cada vez más a instalarse —y con el paso del tiempo lo tendrán que hacer por narices— en el mundo de la red.
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