Aunque haga ya unos meses de su estreno, todavía puede encontrarse en cartel ‘Copia certificada’ (‘Copie conforme’, 2010), de Abbas Kiarostami, el film que tantos premios y aclamaciones internacionales ha logrado.
Podríamos denominar «cine de tesis» a aquellas películas cuyo propósito es plantear una discusión filosófica, artística o de otra índole para que los espectadores reflexionen al respecto. Esta pretensión nos retrotrae, quizá, a los años ’60 del pasado siglo, época en la que, según parece, la intelectualidad no tenía otras conversaciones más que las que trataban de llegar a alguna conclusión sobre un asunto muy elevado. El interés, obviamente, radicaba en que esas conclusiones no existían, por lo menos no de forma dogmática y académica, pues se trataba en general de temas subjetivos, y así, los debates podían durar eternamente e incluso podían retomarse tantas veces como se quisiera.
Por mucho que suene demodé, encuentro atrayente la noción de ver un film que me haga pensar, ya que no logro encontrar muchos que cumplan el otro servicio que podrían desempeñar: hacerme pasar un rato de evasión. Con esto quiero decir que mis quejas acerca de ‘Copia certificada’ no se refieren al hecho en sí de tratarse de un cine de ensayo, sino a otras cuestiones.
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