Cuando una fórmula ha funcionado con éxito ¿por qué no repetir la operación? A alguna gente la práctica de esta filosofía le ha dado buenos resultados y creo que el ejemplo más claro es el de el gran Howard Hawks y sus obras maestras ‘Rio Bravo’ y ‘El Dorado’. Hoy en día parece que a todo el mundo le sale bien, pues sólo se hacen remakes, segundas partes, remakes de remakes, terceras partes, spinoffs y precuelas.
Jean Jacques Annaud ha querido volver sobre los pasos de una de sus películas más famosas, la entrañable ‘El Oso’, pero esta vez no ha quedado tan bien parado. El film versa sobre dos tigres cachorros que son raptados de su seno materno, y son separados, creciendo en ambientes distintos entre el hombre. Ésta sería la premisa argumental de una historia en la que evidentemente hay más cosas.
De todos modos, la gran descompensación que existe entre las escenas de humanos y las de animales hacen que uno no se interese demasiado por lo que está pasando. Por un lado tenemos la historia base de los dos tigres, que dicho sea de paso, el espectador se asombra con lo que los dos animales son capaces de hacer ante la cámara, incluso hay momentos en los que parece que están interpretando, resultando esas escenas superiores en calidad a cualquiera de aquellas en las que salen actores humanos. Uno enseguida conecta con los dos animales, que caen bastante bien, sobre todo cuando son cachorros, que ahí ya no es que caigan bien, es que se desea enormemente llevarse uno de esos tigres para casa y tenerlo como mascota. Así pues, esta parte se sigue con interés al resultar mínimamente entretenida gracias a lo que hacen los tigres.
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