Mulholland Drive

Habiendo dirigido las que probablemente sean sus dos obras maestras, la alucinante ‘Lost Highway’ (1996) y la bellísima ‘The Straight Story’ (1999), David Lynch se embarcó en lo que en principio iba a ser otra importante serie que, quizá, podría llegar a superar la ambición y los resultados de ‘Twin Peaks’. Lynch fue con una idea que le obsesionaba (en realidad, todas sus ideas le obsesionan…) a la cadena ABC, que en un principio estuvo encantada con la idea. El problema es que, una vez presentado el material rodado durante seis semanas de 1999, no estuvieron tan encantados. Presionaron muchísimo a Lynch para que hiciera mil cambios, y le hicieron muchos comentarios negativos, por lo que parecía que con el piloto ya rodado, la serie sería una de esas que terminan en nada. Pasaron bastantes meses hasta que Alain Sarde y los de Le Studio Canal ayudasen a Lynch con su idea de convertir ese piloto en un largometraje.

De modo que nos encontramos, una vez más, ante un proyecto verdaderamente único, esta vez además por las extrañas circunstancias que la hicieron convertirse en la película número nueve de Lynch, en lugar de en una nueva serie de televisión. Un “filme compendio”, que reúne lo mejor y lo peor de Lynch, un laberinto de sensualidad, sueños, enigmas irresolubles, mujeres en peligro (una de las expresiones preferidas del cineasta de Montana), pesadillas a la luz del día, humor retorcido, atmósferas lúgubres y personajes extremos. Es decir, puro Lynch. Lo mejor que podemos decir de ‘Mulholland Drive’ es que, irónicamente, prologa y prepara el camino para una obra incontestablemente mayor, muchísimo más libre (aún) y mucho más bella y equilibrada que esta, la inclasificable ‘INLAND EMPIRE’ (2006), pero a pesar de sus arritmias e incoherencias, no hay duda de que la locura que es ‘Mulholland Drive’ merece la pena, y mucho.

Como sucedía con ‘Lost Highway’, pretender elaborar una elipsis de esta película no es que sea una batalla perdida, es que es un acto reduccionista que en nada ayuda a comprender sus (no pocas) virtudes. Pero más o menos sería esto: una misteriosa mujer morena sufre un accidente de coche antes de ser, probablemente, asesinada, y se refugia, presa de una amnesia pertinaz, en la casa de alquiler de una aspirante a estrella de Hollywod rubia y de ojos azules, recién llegada a Los Angeles. Entre ambas surgirá primero una amistad profunda, inexplicable, que dará paso, poco a poco, a algo más. No algo más necesariamente sexual, pero sí una comprensión, una cercanía casi espiritual. Tal amistad se verá truncada de forma abrupta cuando ambas acudan a cierto local y sean testigos de cierto espectáculo que, explicado con palabras, convierte al cine en algo innecesario. Hay que verlo. Eso sí, no a todo el mundo le va a convencer.

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