Saló, o los 120 días de Sodoma

Estáis fuera de toda legalidad, nadie en la tierra sabe que estáis aquí. Por lo que respecta al mundo, vosotros ya estáis muertos.

Cecil B. deMille decía que las películas deberían empezar por un terremoto, y a partir de ahí, subir en intensidad. Pues bien, respetando esta máxima, empezamos el especial de cine polémico por lo más alto (o lo más bajo, según se mire): la terrible ‘Saló o los 120 días de sodoma’ (‘Salò, o le 120 giornate di Sodoma, Pier Paolo Pasolini, 1975). Sin lugar a dudas, la experiencia más extrema que he vivido jamás con un film. No existe nada igual. Nada. Es una película que mucha gente conoce sólo de oídas, o, a lo sumo, ha visto alguna escena en concreto que le ha provocado el más absoluto de los rechazos.

Prohibida en infinidad de países, un atentado contra Dios según la iglesia, una película fascista y sanguinaria según cierta parte de la crítica, los desvaríos de un loco comunista según la otra parte. Un escándalo para todos. Lo que voy a intentar explicar con esta crítica es si ‘Saló’ es simplemente la obra de un enfermo o hay más tras sus imágenes de violencia y vejación, tras la sangre y la mierda. No será un viaje agradable, pero en fin, yo mismo me lo he buscado. Bienvenidos a la República Independiente de Saló. Bienvenidos al infierno.

El Imperio del Mal

Pasolini: ateo, comunista, homosexual, escritor, poeta, cineasta. Un ser profundamente contradictorio: tanto como para hacer un film como ‘El evangelio según San Mateo’ (‘Il Vangelo Secondo Matteo’, 1964), ampliamente celebrado por el Vaticano y después crear este ‘Saló’, poco menos que el Anticristo para la iglesia católica. ¿Qué significa este perverso objeto inclasificable? ¿Una aberración sin sentido alguno, o una Obra magna irrepetible? Intentemos echar un poco de luz sobre el asunto: la República de Saló (1943-45) fue un estado creado por Benito Mussolini tras su destitución y cambio por Pietro Badoglio en el norte de Italia. El último bastión fascista ante el avance de la resistencia y los aliados en la postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Pero el que realmente movía los hilos de este gobierno era un tal Adolf Hitler. Éste será el marco en el que Pier Paolo Pasolini desarollará la que será su última película antes de que lo asesinaran, basada a su vez en el libro del Marqués de Sade ‘Los 120 días de Sodoma’, cuya gestación se narra en ‘Quills’ (id, Philip Kaufman, 2000). En el escenario de una suntuosa mansión conoceremos a cuatro personajes con nombres harto elocuentes: El Presidente, El Duque, El Obispo y el Magistrado, que representan los cuatro poderes, todos corruptos, todos infernales. Los retratos humanos más repulsivos jamás vistos en una pantalla. Ellos serán jueces y verdugos absolutos de toda vida que pase por sus manos. El poder—el mal—en estado puro.

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