Silencio de amor

‘Silencio de amor’, una película a la que le encuentro varios alicientes, que se me hace amena y cuyos personajes me caen bien, pero que resulta prescindible, olvidable y del montón.

‘Silencio de amor’ (‘Tous les soleils’, 2011) es una película de Philippe Claudel, autor de ‘Hace tiempo que te quiero’ (‘Il y a longtemps que je t’aime’, 2008), que nos habla de un viudo italiano, profesor de música barroca en la universidad de Estrasburgo, que en sus ratos libres canta en un coro y lee libros a ancianos enfermos. Con él viven su hija de quince años y su hermano, un anarquista con tendencias revolucionarias, que ha huido de Italia ante la subida al poder de Berlusconi y que se ha jurado no salir de casa hasta que su país quede libre del tirano. Tanto la hija como el hermano consideran que Alessandro está demasiado solo y hacen lo posible por encontrarle una novia.

El más significativo estímulo de ‘Silencio de amor’ son sus personajes, que, con personalidades marcadas y diferentes entre sí, despiertan una simpatía inmediata. Stefano Accorsi, en el papel del protagonista, interpreta a un hombre que se lamenta de su situación y, a pesar de ello, está lejos de ser el cargante llorón que podría resultar. Neri Marcorè, como su hermano, es un descerebrado, tan histriónico como solo un italiano podría ser sin perder la credibilidad, al que nunca vemos sin su colorido y raído albornoz, que tiene una media sonrisa que hace que se le perdone todo. Ni siquiera la niña, Lisa Cipriani, cae antipática, como podría ocurrir debido al retrato de adolescente sabihonda. Anouk Aimée, a sus casi ochenta años, está bellísima y luce joven. Su interpretación, mucho más dramática que la del resto de los integrantes del reparto, supone el contrapunto en esa vida que parece fácil, a pesar de las penas del pasado.

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