John Williams

“Cuando te conviertas en un chico de verdad…háblales de mí a las mujeres cuando crezcas”

-Gigolo Joe

Con la muerte de Stanley Kubrick en 1999 concluía, al menos en lo personal (pues en lo creativo su relación proseguiría con esta película), la amistad que le unía con Steven Spielberg, y que no siempre fue sobre ruedas. Baste recordar que en los años 70 no se llevaban precisamente bien, a raíz de trabajar pared con pared en los estudios Pinewood, durante los rodajes de ‘En busca del arca perdida’ y ‘El resplandor’. Pero en los años ochenta y noventa terminaron por respetarse mutuamente (o lo que eso significara para Kubrick) y a menudo hablaron de un proyecto que en un principio Kubrick quería dirigir, pero que finalmente ofreció a Spielberg para que lo dirigiera, mientrás él mismo lo producía. Algo así como una película de Spielberg, una producción Kubrick. Al cineasta del Bronx le había inspirado, en un principio, el relato corto de Brian Aldiss ‘Los superjuguetes duran todo el verano’, que él transformó y tituló ‘A.I.’ (en obvia referencia a su admirada ‘E.T.’), y que esperaba que fuera su triunfal regreso a la Sci-Fi, truncado por otros proyectos y su fatal ataque al corazón.

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