Enrique Urbizu

Vamos a decir las cosas como son: el cine español anda necesitado. Muy necesitado. De muchas cosas. De buenos productores, fundamentalmente. Productores que hagan honor a su profesión. Es decir, que sean capaces de hacer realidad las necesidades del director, en lugar de tener el no cosido en la boca. También anda necesitado de actores que se preocupen menos en que nos quede bien claro que están actuando, y que se dediquen un poco más a vivir la secuencia como si fuera real (lo de la declamación lo dejaremos para otro día). Pero sobre todo, quizá, el cine español anda necesitado de directores que, a diferencia de cualquier estrellita con ínfulas, respete el oficio que ha elegido. Eso incluye despreciar sectarismos, y ser fiel sólo a lo que uno quiere ser. Eso es más difícil de lo que parece. Es casi un milagro.

En realidad, el cine español anda necesitado, más que nada, de una clase media. Aquí solamente hay príncipes o mendigos. Es decir, sólo hay “amenábars” o “donnadies”. Así nos va las cosas. Si gozáramos de más directores como Enrique Urbizu (Bilbao, 1962), otro gallo nos cantaría. Esto me parece obvio. Recuerdo muy bien, como si fuera ayer, una conversación que tuve con él en cierta escuela de cine, hace ya muchos años. Era un tipo lúcido, rudo, nervioso, locuaz. El tipo de persona capaz de ser un verdadero director de cine, de hacer algo como ‘La caja 507’ (2002), probablemente su mejor película. Cine del verdadero. Es decir, cine que hable sobre cosas reales, con personajes tan reales como la vida misma. Un cine que escasea cada vez más, y que encuentra en la sexta realización del director vasco una joya de obligado visionado.

Aquella charla fue el preámbulo de una conferencia multitudinaria que se prolongó durante varias horas. En esas horas, Urbizu nos explicó, nos argumentó y se explayó cuanto quiso (inolvidable su teoría de la convicción a la hora de crear algo, contextualizada por George Lucas y La Fuerza), de modo que en apenas una tarde todos comprendimos bien su formar de enfrentarse al cine como actividad creativa. Ya le había oído hablar, algún tiempo antes, de ‘La caja 507’ como de un guión muy trabajado, que tanto él como Michel Gaztambide habían pulido y revisado hasta quedar exhaustos…para que luego llegase el montador (Ángel Hernández Zoido, en el que es, probablemente, el trabajo de su vida) y les propusiese interesantes cambios. Cambios que todavía la mejoraron más. Cine negro, de género, como cine de autor poliédrico y dinámico.

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