Frank Capra

“¿Y los niños? ¿Es que nadie piensa en los niños?” – Moe Szyslak en un episodio de ‘Los Simpson’

En la actualidad muchos defienden el “sugerir antes que mostrar”, la violencia “soterrada”, la sexualidad implícita pero no explícita, y otros conceptos similares en el cine. El más famoso y recordado, el norteamericano de los años años treinta, cuarenta y cincuenta, está construido, se supone, en esa elegancia, en esa contención, en chispazos de violencia y sexo que no acaban de estallar del todo. Lo que entronca, además, con ese estilo narrativo, tan amado por muchos, consistente en hacer “invisible” la puesta en escena. Lo cierto es que tuvieron lugar logros estéticos muy importantes de todo ello, pero más que a una voluntad de estilo, o a una convicción moral en las formas, todo se debió, más que nada, a la censura de la época. A veces, el mundo del arte es así de extraño. Pero de ningún modo todo eso se debió a un gusto o una delicadeza extremas. No me cabe duda de que directores violentos, pasionales y hasta sensuales como Capra, Walsh, Hawks, Wilder, Welles, Hitchcock, Ford y otros, habrían mostrado más crudeza, más violencia y más sexo si hubieran podido. La elegancia no está en la ocultación, está en la proporción.

El Motion Picture Production Code, que traducido literal es el Código de Producción de Películas de Cine, fue un bonito nombre, con ínfulas de oficial, que se inventaron tres individuos para evitar (con ese amor por el eufemismo que denotan los anglosajones) la fea palabra Censura. Nació a finales de los años veinte (concretamente en 1927) gracias al impulso del abogado republicano William H. Hays, el sacerdote jesuita Daniel A. Lord y el editor católico del Motion Picture Herald Martin Quigle (es decir, un trío de “mentes libres”), pero no fue aplicado con contundencia hasta 1934, año en el que se aprobó la enmienda según la cual ningún estreno tendría lugar sin pasar por el filtro de ese código, que ya era llamado ‘Código Hays’. Esto dio lugar a la apasionante era ‘Pre-Code’, con estrellas como Barbara Stanwyck, Jean Harlow, Joan Blondell, Ina Claire y directores de renombre, realizando películas bastante provocativas, que escandalizaron al público con sexo y violencia y temas escabrosos. A partir de la enmienda, llegaron más de tres décadas de censura que cambiaron completamente el panorama, de forma opuesta al más libre y realista cine europeo.

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